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Reportaje:

36 horas en la calle por un papel

Miles de inmigrantes han soportado en Pamplona colas y frío para renovar sus permisos

Caía a media mañana de ayer la nieve sobre Pamplona, pero la cola de inmigrantes se acababa de deshacer. Habían pasado toda la noche esperando. Treinta personas. Sesenta la noche anterior, entre ellas, madres con sus hijos pequeños. Como ellos, miles de inmigrantes se han visto obligados los últimos meses a pasar hasta 36 horas seguidas a la intemperie para renovar sus permisos de trabajo y residencia en la delegación del ministerio en Pamplona.

Sólo la reiterada denuncia de los medios de comunicación, las asociaciones de apoyo a extranjeros, los partidos e incluso del propio Gobierno foral, que calificó de "denigrante" el trato a los inmigrantes, llevó el pasado martes a la Delegación del Gobierno en Navarra a poner en marcha apresuradamente un sistema de cita previa, que facilitará hasta 50 números diarios.

"Somos seres humanos. Pagamos nuestra Seguridad Social y no nos merecemos este trato propio de animales". Soledad, colombiana de 30 años, expresaba así el lunes su congoja tras pasar 24 horas en una fila para poder recibir un número de cita previa. "No hay ni un miserable cartel anunciando el sistema", se queja Fátima, marroquí de 26 años, con su hija pequeña en brazos.

La cita previa ha hecho invisible el problema, pero han tenido que pasar semanas de temperaturas bajo cero, colas de hasta 100 metros en la calle Monasterio de Cilveti de la capital navarra, puestos de trabajo abandonados por los inmigrantes durante dos días para poder sellar un papel, niños y bebés durmiendo al raso con sus padres. En la delegación ministerial trabajan tres funcionarios y sólo uno de ellos ha atendido hasta ahora la renovación de permisos. Hasta que el trato humillante no saltó a las páginas de los periódicos, ningún responsable de la Administración central hizo nada.

En Navarra viven más de 25.000 inmigrantes, de los que 12.550 están regularizados. Cada día se abría a las nueve de la mañana la puerta de la delegación ministerial y se atendía exclusivamente a los 30 primeros de la cola. Este sistema motivó las larguísimas esperas, las peleas, la tensión, la compra de puestos y la angustia de cientos de personas.

Por término medio, cada inmigrante ha tardado unas 36 horas en poder renovar sus papeles, algo que apenas lleva unos minutos. Muchos de ellos tuvieron que viajar hasta cien kilómetros para cumplimentar el trámite, que sólo se realiza en Pamplona. La Delegación del Gobierno dice ahora que arbitrará un número telefónico gratuito y que descentralizará el servicio a otras localidades.

A finales de 2001, Cruz Roja, Cáritas, UGT y CCOO, las principales entidades que trabajan con inmigrantes en la región, rompieron toda relación con la Delegación del Gobierno en Navarra para cuestionar el colapso de los procesos administrativos que ya afectaban a la población inmigrante. El delegado del Gobierno, José Carlos Iribas, prometió entonces que se reforzaría la plantilla con cinco nuevos funcionarios. La situación, por contra, sigue siendo "de maltrato humillante", en palabras de las organizaciones de apoyo a la población extranjera en Navarra.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 30 de enero de 2003