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Berlín reconoce nada más comenzar el año que el crecimiento de 2003 será menor del previsto

Alemania evita la huelga de los empleados públicos tras acordar un alza salarial del 2,4% este año

Apenas comenzado 2003, el Gobierno alemán ya ha reconocido que no se cumplirá el crecimiento del 1,5% previsto inicialmente y que será en torno al 1,1%. La revisión oficial se hará, a más tardar, el 29 de enero y coincide con las estimaciones hechas por los institutos de coyuntura del país, que sitúan entre el 0,6% y el 1,1% el incremento del producto interior bruto (PIB). En la madrugada de ayer, las distintas administraciones del país y el sindicato de servicios, Verdi, cerraron un acuerdo que supone una subida salarial del 2,4% este año y dos sucesivas del 1% en 2004 y que evita la huelga anunciada por éste.

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La nueva estimación de crecimiento sitúa dentro del "marco establecido por los consejeros económicos", según el ministro de Economía, Wolfgang Clement. El 1% es similar a la elaborada por los llamados "cinco sabios" de la economía alemana. Ello supondría el tercer año consecutivo de un crecimiento extremadamente modesto, tras un 0,6% en 2001 y un 0,3% estimado para 2002.

Esta semana, el comisario europeo de Asuntos Económicos, Pedro Solbes, había calificado de "optimista" la actual proyección, elaborada en otoño. Solbes tiene que negociar con Berlín el programa de estabilidad alemán, que en su última versión promete volver a reducir, hasta el 2,75% este año, un déficit público que en 2002 se disparó hasta el 3,8%. Este compromiso dependía de un aumento del PIB del orden del 1,5%. Como este ritmo de actividad ya se descarta, es muy posible que Alemania vuelva a infringir el Pacto de Estabilidad, que exige un déficit inferior al 3% y prevé sanciones económicas en el caso de repetida infracción.

Empleados públicos

Menos de lo exigido en un inicio por el sindicato de servicios, Verdi, pero más de lo que se pueden permitir muchos entes territoriales alemanes: éste es el balance del convenio para el sector público de la mayor economía de la zona euro, forjado en la madrugada del viernes entre el sindicato y el Estado federal, los länder (Estados federados) y los municipios tras 30 horas de negociaciones. El convenio, que prevé un incremento salarial del 2,4% en 2003 y dos subidas sucesivas (enero y abril) del 1% en 2004, tendrá una duración de 27 meses y evita una huelga que habría puesto en serios aprietos a la coalición rojiverde.

Economistas como Ralph Solveen, del Commerzbank, sostienen que la letra menuda del acuerdo se traduce en un alza salarial de cerca del 2% anual en 2003 y 2004 para los cerca de tres millones de empleados públicos. Los sueldos de los alrededor de dos millones de funcionarios con contratos más estables se establecen por decreto, aunque también se suele tomar en cuenta lo acordado para los empleados.

La estimación exacta es muy difícil porque el convenio incluye cláusulas como que tan sólo los salarios bajos y medios subirán retroactivamente desde el 1 de enero (los demás lo harán el 1 de abril). Asimismo, se establece una jornada laboral adicional para todos los empleados públicos, y dos pagas extras de 185 euros para noviembre y diciembre del año pasado. Verdi había exigido un aumento del 3% anual. El Estado, por contra, habría preferido compensar tan sólo la inflación. En el convenio figura un cronograma para igualar hasta 2009 los sueldos entre el oeste y el este.

El Ministerio de Finanzas calcula en 5.400 millones de euros los costes adicionales. La peor parte se la llevarán los länder y los ayuntamientos: sus gastos en salarios pueden alcanzar hasta un 40% de sus presupuestos (frente a un 11% en el caso del Estado federal). En todo el país, portavoces de ayuntamientos y organismos y empresas públicas, como hospitales o acueductos, anunciaron que los costes acarreados por el convenio sólo se podrán financiar a través de recortes de plantilla y aumentos de tarifas.

El ministro del Interior alemán, Otto Schily (izquierda), habla con el líder del sindicato Verdi, Frank Bsirske.
El ministro del Interior alemán, Otto Schily (izquierda), habla con el líder del sindicato Verdi, Frank Bsirske.REUTERS

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