Entrevista:AMÉRICO MARTÍN | Ex jefe guerrillero y negociador de la oposición | CRISIS EN VENEZUELA

"Estamos al borde de una guerra civil"

El negociador de la oposición Américo Martín, de 64 años, abogado, ex jefe guerrillero en la década de los sesenta, preso político torturado durante la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1948-58), nunca creyó en Hugo Chávez. "La película de los hombres providenciales está muy vista en América Latina", declara. "Ha arremetido meticulosamente contra las instituciones", añade.

Américo Martín participa en la mediación presidida por César Gaviria, secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), y es tenido por presidenciable en una eventual transición. "La situación es explosiva, la gente está en la calle porque no aguanta más. Estamos al borde de una guerra civil", señala este intelectual siempre en la brega política: activista juvenil contra Pérez Jiménez, socialdemócrata, comandante guerrillero en los sesenta, fundador del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), ex candidato presidencial, y ahora, en la opositora Coordinadora Democrática, que promueve la huelga general. "Los negociadores de la oposición no representamos una tendencia reaccionaria, de oligarcas contra el pueblo, como dice el discurso oficial". Américo Martín es autor de diez libros, entre ellos Marcuse y Venezuela y América y Fidel Castro, el último. Siendo guerrillero, sostuvo largas conversaciones con el líder de la revolución cubana, pero acabó abandonando la matriz marxista de la oposición de izquierdas y asumió la condición de independiente.

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Pregunta. ¿Por qué nunca creyó en Chávez?

Respuesta. Nunca pensé que la solución para Venezuela fuera una figura providencial. Esa película ya la vimos en América Latina. Desde 1870, cuando vino el positivismo en América Latina. Recuerda a Porfirio Díaz en México, a Antonio Guzmán Blanco en Venezuela, a Getulio Vargas en Brasil y todos esos maniqueos que aparecían como la reencarnación de nuestros libertadores. Como no había instituciones, las instituciones eran ellos. Ellos eran el Estado y se acostumbraron a gobernar por encima y contra las instituciones.

P. ¿Clasifica al presidente en esa categoría?

R. Sí. Y resulta que cuando todo eso ha sido vencido y las instituciones en Venezuela se han creado, mal que bien, y ya están consolidadas, aparece un animalejo tratando de devolvernos a la etapa de los caudillos. Pero las instituciones y la resistencia civil lo han impedido.

P. ¿En qué sector de la oposición se encuentra usted?

R. En el sector progresista, que nunca aceptó la ilusión de Chávez. Lo combatí desde su golpe del 4 de febrero de 1992, siendo teniente coronel [contra la presidencia de Carlos Andrés Pérez]. No creo en esos militares providenciales latinoamericanos que se presentaban como encarnación de la revolución y el progreso y no terminaban siendo más que unos autócratas totalmente desquiciados.

P. ¿Qué critica del discurso de Hugo Chávez?

R. Es un atorrante [sinvergüenza], en el sentido argentino, como el tipo divaga, navega sobre las palabras, no llega a ninguna parte, y es arrastrado por su propio discurso.

P. ¿Y de su Gobierno?

R. Ha sido una catástrofe. Lo peor que puedo decir de él es que ha arremetido meticulosamente contra todas las instituciones. El Congreso o el poder judicial tenían muchas fallas, pero tenían una autonomía que perdieron. La Contraloría [Tribunal de Cuentas], la Fiscalía General, eso desapareció para siempre. Arremetió contra el movimiento sindical, contra la Iglesia, contra los empresarios, contra los medios de comunicación, contra Petróleos de Venezuela y contra la institución armada.

P. ¿No es eso revolucionario?

R. Eso no es revolución, eso es un desastre y no me gustan las hipérboles. Tiene que haber pasado algo muy grande para que la gente se manifieste masivamente todos los días, como habrá visto.

P. ¿Por qué no esperar hasta el referéndum revocatorio de agosto?

R. Porque el problema no es la realización material de las elecciones, sino que el país tenga la ruta clara, que sepa en qué momento puede cambiar el Gobierno. Elecciones anticipadas o referéndum consultivo en los próximos dos meses es la piedra en el zapato.

P. ¿Por qué tarda el Gobierno en aceptar una solución electoral?

R. Juega a ganar tiempo, al desgaste de la huelga, no están interesados en las elecciones, porque las encuestas están en su contra.

Américo Martín.
Américo Martín.

* Este artículo apareció en la edición impresa del martes, 24 de diciembre de 2002.

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