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OPINIÓN DEL LECTOR

Centro de adultos de Triana

En vísperas de las Navidades de 1999 una sordera súbita en un oído y parcial en el otro me condujo a una incapacidad laboral. Es fácil imaginar el shock tan brutal que esta situación me produjo y a esto se sumó una crisis depresiva intensa que me llevó a una pérdida de ilusión por todo.

Dejé de estudiar con 20 años, pues la situación familiar no permitía pagarme estudios universitarios, por lo que tuve que comenzar mi vida laboral que ahora se veía truncada. Y me marqué un objetivo: estudiar con casi 60 años lo que no pude hacer con 20. Para ello contacté con el Centro Público de Educación de Personas Adultas del Tejar del Mellizo de Triana donde eché una solicitud y tras un examen de aptitud fui admitido para estudiar durante el 2000-01 el curso de Acceso a la Universidad para mayores de 25 años.

Tras un año de intensos estudios, no sólo teóricos, sino prácticos, pues dentro del programa se incluían visitas, charlas, exposiciones,...superé las Pruebas de Acceso y pude, por fin, matricularme en la licenciatura de Historia del Arte en la Hispalense, donde hoy me encuentro cursando el segundo año de carrera.

Esta pasada semana he visitado el Centro de Adultos de Triana (como lo llamamos familiarmente), donde hice mi preparación preuniversitaria, y con gran sorpresa me entero de que hay un plan de derribo para sustituir el Centro Público de Educación de Personas Adultas por un Centro Cívico, respetando el anterior centro pero con una reducción de los espacios destinados a aulas de enseñanza.

No entiendo cómo nuestros políticos pueden asumir la decisión de tan tamaño despropósito, cambiando un Centro de Enseñanza por un Centro Cívico. No dudo que toda mejora social es beneficiosa para los ciudadanos, pero no unas a costa de otras. No el clásico desnudar un santo para vestir otro, cuando lo que en realidad necesita el Centro de Adultos es una gran ampliación para dar una satisfactoria respuesta a la demanda que los vecinos de Triana y de otros barrios de Sevilla formulan sobre este centro.

No deja de asombrarme el ver no sólo cómo yo mismo he superado, en parte, mi crisis depresiva gracias a mi asistencia a este centro diariamente, de lunes a viernes durante ocho meses, sino también el ver cómo personas de toda clase social, algunas humildes, otras ancianas, aquellas viudas, muchas solas, acudían con una gran ilusión a todos los actos formativos y lectivos de este centro. Centro que, a mi juicio, es merecedor, no de que le reduzcan miserablemente el espacio a los alumnos, sino que debía ser mencionado o premiado con honores por la labor que realiza, pues no conozco muchos centros educativos que enseñen a los alumnos desde lo más elemental, es decir, desde aprender a leer, escribir, sumar, restar, hasta que den una preparación preuniversitaria, o lo que es lo mismo, desde el nivel académico más bajo hasta el acceso a los estudios superiores en la universidad. Sin olvidar la magnífica biblioteca de que dispone el centro, en calidad de préstamos para la lectura de sus fondos y que es administrada por los propios alumnos. Quiero manifestar mi descontento ante esta situación que va a provocar indefectiblemente el desmantelamiento de la educación formal de adultos en el barrio de Triana-Los Remedios.-

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 5 de diciembre de 2002