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Crítica:

Una relación impecable

La estadounidense Willa Cather (1876-1947) logró en Una dama extraviada una gran armonía entre lo que quiere contar y lo que cuenta. Y lo que estas páginas contienen es una doble historia: la del traspaso de poder de los viejos conquistadores del Oeste a los jóvenes sin riesgo y la formación de un chico que tiene como referencia la fascinación y decadencia de una familia.

Ésta es una novela perfecta. El adjetivo es de muy rara aplicación, pero así es en este caso. Es tan redonda como La línea de sombra, de Conrad, o Daisy Miller, de James. Elijo deliberadamente estos ejemplos para subrayar la clase de perfección a la que me refiero: a la perfección en la concepción y en la ejecución de un relato; no es frecuente hallar una obra que muestre una relación impecable entre lo que se quiere contar y lo que se cuenta. Hay un tercer elemento: el grado de profundidad. Esta novela es cierto que no baja hasta el mismo infierno por sus personajes, pero desciende sin un titubeo ni una distracción hasta donde lo requiere la intención del autor.

Y ¿cuál es la intención de Willa Cather? Hay dos planos de narración complementarios. El primero es el establecimiento de ese escenario de fondo donde se desenvuelve: la relación dramática del traspaso de poder de los viejos conquistadores del Oeste, 'soñadores, aventureros de corazón pródigo, cuya falta de sentido práctico rayaba en la magnificencia', a la generación de 'jóvenes astutos, adiestrados por los tiempos difíciles en economías mezquinas' que sin riesgo ni atrevimiento venderán el 'espacio, el color, la despreocupación principesca de los pioneros'. De la poderosa creación del mundo de los pioneros en Mi Antonia o la vida de frontera de La muerte llama al arzobispo, pasamos al tránsito a la siguiente generación: los especuladores.

UNA DAMA EXTRAVIADA

Willa Cather Traducción de Ismael Attrache Alba. Barcelona, 2002 208 páginas. 13,40 euros

El segundo plano pertenece a un muchacho de 19 años, Niel Herbert, que desde su infancia queda prendado de la casa, la vida y el mundo del capitán Forrester, un pionero del ferrocarril. En una localidad pequeña, los Forrester representan la clase y la elegancia, tanto social como moral; y, en especial, la señora Forrester. Pero no es una historia de amor sino de formación; y la del joven Niel tiene como referencia la fascinación y la decadencia de los Forrester; en especial, de la señora Forrester.

La decadencia de los Forrester comienza con la ruina económica y luego física de un hombre de principios; pero la verdadera decadencia y el conflicto generacional se manifiesta cuando, tras su muerte, se establece un paralelismo entre Marian Forrester 'luchando por salir del agujero' e Ivy Peters, un mezquino y grosero emergente sin escrúpulos, abogado, con quien coincidió sin aprecio Niel en su infancia. Marian e Ivy, cada uno a su modo, se buscan la vida como supervivientes en un mundo donde ya la gente pionera o carece de escrúpulos o perece bajo el peso de ellos. A su vez, Niel e Ivy Peters representan los dos polos de la nueva generación; y como le dice a Niel su tío el juez Pommeroy: 'Hijo, me alegro de que quieras ser arquitecto. No veo carrera respetable para un abogado en este nuevo mundo de negocios que se avecina'.

Y una vez establecido todo esto, Willa Cather, con esa limpidez, precisión, seguridad y sutileza con que es capaz de construir personajes sin permitirse un solo adorno ni una sola concesión a la facilidad, actúa: o bien deja en un solo capítulo vista para desarrollar en línea recta una figura o bien recrea la figura entre dos opciones, o bien alcanza el misterio y la complejidad a partir de una gran claridad expositiva en la señora Forrester, tan contradictorio como su propio poder de fascinación.

Cather es una escritora a la que se la ve venir porque no esconde lo que pretende; pero cada llegada es una sorpresa, lo que tiene mayor mérito. Ser misterioso, inquietante o sugerente tras una veladura no es fácil, pero serlo con transparencia sólo es digno de un escritor grande. Valga un ejemplo: cuando Niel descubrirá la infidelidad de Marian está narrada retrasando la previsible llegada de Niel al lugar donde sospechamos lo que está sucediendo por medio de una maravillosa descripción de la naturaleza del campo; este retraso pone sobre aviso al lector, que ya sospecha y deduce aunque no constata; pues bien: no sólo mantiene creciendo paso a paso la escena, sino que, al confirmarse todo, aún es capaz de rematar su sentido especificando el sentimiento de Niel: 'No era un escrúpulo moral lo que ella había profanado, sino un ideal estético'.

Novela sobre el papel del sentimiento en la creación y formación de un ser humano, llena de intuición, sugerencia, concisión, precisión... es un acabado ejemplo de belleza expresiva, una obra maestra, una novela perfecta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de noviembre de 2002

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