Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Ética del altruismo negativo

En El odio, varios escritores y críticos analizan una de las pasiones más nefastas y que sigue vigente en la sociedad occidental. Esta obra representa una contribución en la investigación literaria de un sentimiento tan necesario, imaginativo e irracional como el amor.

El odio es la pasión más nefasta porque acarrea los peores efectos. De ahí su fama de irracional, de acuerdo al tópico que contrapone la razón a las pasiones. Y por eso se piensa que el odio es asunto del pasado, como sello premoderno de pueblos anclados en la tradición, pues en una sociedad tan científica y racionalista como la nuestra semejante pasión estaría superada por nuestro alto nivel de madurez y civilización. Pero no hay más que abrir la primera página del periódico cada mañana para advertir el error, pues el actual nivel de odio que a los occidentales nos afecta poco tiene que envidiar a la barbarie de antaño. El siglo XX asistió al holocausto racionalmente planificado por la cultura técnica más avanzada de su tiempo, y ahora no estamos mucho mejor, cuando los estadounidenses se guían por su odio antiterrorista contra el eje del mal, y nuestra comunidad más culta, como es Euskadi, se deja desgarrar por el odio antiespañol.

EL ODIO

Edición a cargo de Carlos Castilla del Pino Tusquets. Barcelona, 2002 186 páginas. 14 euros

En suma, la razón sigue siendo esclava de las pasiones, como sostuvo Hume, y la pasión más dominante es el odio, como motor de la política. Pero ¿qué es el odio? He aquí un bello libro que contribuye a impulsar tan urgente investigación, con los textos presentados a la última edición monográfica del seminario interdisciplinar que cada verano dirige el psiquiatra Carlos Castilla del Pino. Como toda compilación, se trata de un mosaico desigual y, al margen de enfoques lacanianos o metafísicos, destacan los estudios literarios de Túa Blesa sobre el odio de la criatura a su creador (como en Frankenstein), el de Ignacio Echevarría sobre el odio como motor de la modernidad (como en la revolución) y el de García Gual sobre el odio como deber de venganza, analizado en los personajes de Aquiles (que se reconcilia con el padre de su víctima, reconociéndolo como su semejante) y de Medea (que se venga aniquilando a su progenie).

Pero el texto más certero es el de Castilla del Pino, uno de nuestros pensadores más completos y rigurosos, reciente objeto del menosprecio académico. En 25 ajustadas páginas traza con su escalpelo una anatomía del odio que vale mil veces más que tantos best sellers sobre inteligencia emocional que redactan los vendedores de crecepelos mentales. El odio es la antítesis del altruismo: un sentimiento que regula la economía de las relaciones sujeto-objeto salvaguardando la identidad del yo. Para vivir con propio respeto no sólo hay que amar sino también odiar, intentando destruir cuanto menoscabe nuestra dignidad. Por eso es tan necesario y tan altruista como el amor, pero a la vez tan imaginario y tan autodestructivo como éste, cuando hace odiar no sólo al crimen sino también al criminal.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 16 de noviembre de 2002