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Fidel Castro mantiene la incógnita hasta el último minuto

Un objetivo fundamental español en esta cumbre es conseguir que se consolide el método de trabajo a puerta cerrada, que se inauguró en 2001 en Lima. Antes, las reuniones estaban abiertas a la prensa y cada líder pronunciaba un discurso más o menos relacionado con el desarrollo o los problemas de la infancia. El conflicto vivido en 2000 en Panamá, cuando Fidel Castro se enfrentó al resto de los reunidos porque consideraba inoportuno condenar a ETA, impulsó el cambio. El líder cubano, que no asistió el año pasado a Lima, no ha desvelado sus intenciones para ésta. Su presencia es una incógnita que anima los prolegómenos.

El problema del nuevo formato es que los debates secretos no generan contenidos relevantes; ni siquiera inspiran las conclusiones, que se aprueban de antemano. España pretende reforzar las instituciones de estas cumbres, que sólo disponen de una pequeña secretaría, a fin de dotarlas de órganos que puedan mantener el debate durante el año y trabajar una agenda anual operativa. Los portavoces españoles sostienen que, con sus defectos, las cumbres iberamericanas han sido y son un instrumento para difundir la democracia en América Latina.

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