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Los gibraltareños convierten el 'referéndum' de Caruana en la fiesta del 'no a España'

El 98,9% de los votantes rechazan la cosoberanía y sólo hubo 187 a favor del acuerdo con España

Jubilados endomingados, padres engalanados con la bandera de Gibraltar que enarbolaban la enseña británica sobre el cochecito del niño y exaltados que lucían la Union Jack hasta en los calcetines convirtieron ayer el referéndum convocado por el ministro principal, Peter Caruana, para demostrar el rechazo de la población hacia la posibilidad de que Madrid y Londres compartan la soberanía sobre el Peñón, en una fiesta que respondió al eslogan electoral de "no dé ninguna esperanza a España". El 98,97% se opuso a la soberanía compartida. Sólo 187 gibraltareños votaron a favor del acuerdo con España.

"Hijoputa, baja aquí que te voy a matar". El grito resonó pasadas las 11.30 en la Main Street, también conocida como Calle Real en este microcosmos de spanglish elaborado con un 90% de andaluz cerrado y un 10% de vocablos ingleses. Una mujer y otro hombre se apresuraron a contener al jubilado que se había separado de un grupo uniformado con prendas blancas y rojas, los colores de la bandera gibraltareña, para amenazar de ese modo a un obrero encaramado a un andamio que había gritado "Gibraltar, español" al paso de los manifestantes.

"¡Muerto de hambre! Vienes aquí a buscar la comida y encima nos provocas. Márchate allí y muérete, hijoputa", se revuelve incontenible el maduro llanito. El albañil español, que evidentemente quiere provocar y trata de mirar, divertido, la escena a través de los orificios de la tela que cubre la fachada del edificio que está enfoscando, no se arredra. "Ven si tienes cojones de subir", replica. "¡Hala Madrid!", concluye ufano cuando el incidente ha congregado ya a un buen número de paseantes que le lanzan improperios. Una mujer llora al borde de la histeria en la puerta de una farmacia, consolada por muchas congéneres que apoyan sus quejas. "¿Quiénes se creen que son? Vienen aquí porque no tienen qué comer y encima nos insultan", gime la mujer.

La sangre no llegó al río

Fue un momento en el que pareció mascarse la tragedia, durante una jornada que mayormente se pretendió festiva, por mucho que en la Calle Real abundaran los discursos sobre las ambiciones territoriales españolas, la "educación fascista de Aznar", la tradición democrática de los llanitos y el "odio" que el Gobierno español está generando en el corazón de éstos. Claro que la sangre no llegó al río, el incidente se disolvió por sí sólo, los comerciantes recuperaron su amabilidad cotidiana y la gente siguió paseando antes o después de votar, en los 12 colegios abiertos desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche para 20.683 votantes.

La pregunta de esta consulta, no reconocida por el Reino Unido, era si el ciudadano apoya o no la soberanía compartida sobre el Peñón. Pero este argumento abstracto resulta incomprensible para muchos.

"Esto ha sido toda la vida británico, nos hemos educado con esta querencia a Gibraltar y a los británicos, lo que no quiere decir que despreciemos a los españoles, si ellos nos respetan a nosotros", dice Elena Consigliero, una mujer de más 60 años -"cinco generaciones en Gibraltar, ocho hijos, dieciocho nietos y diez biznietos"- que, cuando se le señala que con la soberanía compartida seguiría siendo británica, responde: "Mire usted, yo de eso no entiendo, de eso le podría hablar mi hijo".

El mestizaje cultural crea dificultades de comunicación añadidas. La Voz de Gibraltar, un grupo de presión para que el Peñón no cambie, ha cubierto de banderas británicas sus furgonetas que difunden la música del Aserejé precisamente para pedir "vota no" a una soberanía compartida entre el Reino Unido y España. Con otra tonada, su mensaje habría llegado menos al público.

En consecuencia, el voto de ayer, a juzgar por las manifestaciones callejeras, respondió más al mensaje de la oposición laborista, resumido en el lema "no dé ninguna esperanza a España", que al discurso "de principio" de Caruana contra la soberanía compartida, pero dejando abierto el diálogo.

Ante la mayor concentración de medios de comunicación que probablemente haya congregado jamás el líder de un colectivo de sólo 30.000 habitantes, Caruana dijo ayer tras depositar su voto: "Hoy es un día importante para nuestro viaje político, porque el pueblo dirá que Gibraltar es nuestra patria y que tenemos derecho a elegir nuestro futuro libremente. Todos los países del mundo deberían respetar nuestros sentimientos".

El ministro principal podía estar seguro del resultado de la consulta. The Gibraltar Chronicle, el periódico de mayor circulación y prestigio de la Roca, abría su edición de ayer con un titular a toda página que decía "Gibraltar vota hoy 'no".

Nadie ha hecho campaña por el "sí" a la soberanía compartida, salvo Manuel Sánchez, un fontanero de 51 años que escribió a una revista explicando que él cree en una Europa federal con Gibraltar integrado en España. "Lo más que pueden hacer es matarme", dijo ayer este personaje mientras sus conciudadanos le increpaban e insultaban cuando explicaba su posición a los periodistas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 8 de noviembre de 2002