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Reportaje:

Kennedy y Jruschov, 40 años después

Los hijos de los dos mandatarios evocan cómo se superó la crisis de los misiles

Son los mismos apellidos, pero distintos protagonistas. Cuarenta años después de que sus padres evitaran lo que hubiera podido acabar en guerra nuclear, Caroline Kennedy, única descendiente del presidente estadounidense John F. Kennedy, y Serguéi Jruschov, hijo del líder soviético Nikita Jruschov, se reunieron para recordar la crisis de los misiles de Cuba.

'Fue bastante emotivo descubrir que nuestros padres transformaron unas horas de peligro en el inicio de una solución pacífica por nosotros y por todos los niños amenazados por un mundo en guerra', dijo Caroline Kennedy al inicio de la conferencia que se celebró el pasado domingo en la librería John F. Kennedy de Boston para conmemorar el aniversario de uno de los episodios más dramáticos del pasado siglo XX.

Durante el debate fue imposible evitar paralelismos con la actual crisis entre EE UU e Irak

'Mi padre y el presidente Kennedy empezaron las negociaciones desde el primer día, lo que demuestra que confiaban el uno en el otro', recordó Serguéi Jruschov ante los 850 asistentes.

Kennedy y Jruschov se reunieron a puerta cerrada con la encargada de negocios de la representación cubana en Washington, Josefina Vidal, y dos asesores del que fuera entonces presidente estadounidense, Arthur Schlesinger Jr. y Theodore Sorenson, para consultar documentos de la época, correspondencia entre los dos líderes y una copia del tratado americano-soviético contra las pruebas nucleares de 1963 que Jacqueline Kennedy Onassis conservó como recordatorio de aquellos días.

Los hijos de los líderes de la guerra fría no compartieron los mismos recuerdos. En 1962, Caroline tenía cinco años, y Serguéi, 27. Desde entonces sus caminos se han acercado, aunque sólo sea geográficamente. Caroline, que vive en Long Island (a las afueras de Manhattan) con su marido, el empresario Edwin Schlossberg, y sus tres hijos, dirige desde hace unas semanas los esfuerzos recaudatorios de las escuelas de Nueva York. Serguéi adoptó la nacionalidad estadounidense en 1999, junto con su mujer, Valentina Golenko, y vive en Providence (Rhode Island), donde imparte clases en la Brown University.

Sobre la personalidad de su padre, Serguéi ha comentado en numerosas ocasiones que el líder soviético era un hombre mucho más racional de lo que aparentaba. 'Podía mostrar sus emociones al mundo exterior, pero cuando volvía a su oficina era alguien muy distinto. Pensaba que le era útil parecer peligroso para que los otros países fueran más prudentes', comentaba recientemente.

El 16 de octubre de 1962, imágenes fotográficas tomadas por aviones espía estadounidenses mostraron la presencia de misiles nucleares soviéticos en Cuba, con capacidad para golpear gran parte de Estados Unidos. El presidente John F. Kennedy frenó las peticiones de la Junta de Estado Mayor para ordenar un bombardeo inmediato de las bases e impuso un bloqueo naval a los buques mercantes soviéticos. Tras los famosos 'trece días' de negociaciones, Nikita Jruschov dio marcha atrás y retiró los cohetes a cambio de que Washington desmantelara unos vetustos misiles en Turquía. 'Para Cuba, después de 43 años, la guerra fría no ha terminado', dijo Josefina Vidal en la conferencia.

Durante el debate fue imposible evitar paralelismos entre el enfrentamiento con la Unión Soviética y la actual crisis con Irak. Los asesores de Kennedy criticaron abiertamente la nueva doctrina del presidente George W. Bush. 'Existen mejores opciones que las de un ataque preventivo contra un loco que posee armas de destrucción masiva que podría usar contra Israel, nosotros o nuestros aliados', comentó Sorenson. 'Durante la guerra fría, los que abogaban por un ataque preventivo eran considerados unos locos; ahora los locos han tomado nuestra política exterior', añadió Schlesinger.

Sergei Jruschov fue más duro al asegurar que, si Bush hubiera ocupado la Casa Blanca en 1962, 'no hubiéramos tenido la posibilidad de discutir la crisis de los misiles en 2002'.

Caroline Kennedy y Serguéi Jruschov examinan una copia del tratado antinuclear firmado en 1963.
Caroline Kennedy y Serguéi Jruschov examinan una copia del tratado antinuclear firmado en 1963.ASSOCIATED PRESS

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