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Reportaje:

Tiempo de cambios

La patronal valenciana escenifica su distanciamiento del 'lobby' que preside Félix y apoya uno propio en Madrid

El lobby empresarial valenciano AVE, surgido en la transición como plataforma alternativa a la línea de la CEOE en Valencia, representada por la Confederación Empresarial Valenciana (CEV), atraviesa uno de sus momentos más bajos. Este grupo de presión, del que se desconocen sus estatutos, que carece de sede y cuya presidencia ostenta desde hace más de siete años Federico Félix, está en boca de todo el empresariado tras el alarde que protagonizó el pasado lunes con la celebración de una sorpresiva cumbre en Elche, a la que asistió el presidente de la Generalitat, José Luis Olivas.

Félix planteó en aquel foro a un reducido número de socios -el resto aseguró que se enteraron al día siguiente por los medios de comunicación- la necesidad de dotar de nuevos objetivos al lobby, que había venido perdiendo influencia en los últimos tiempos. La ascendencia de la que gozaba el presidente de AVE en 1995, cuando participó activamente en el pacto del pollo o acuerdo de gobierno entre el PP y Unión Valenciana y que catapultó a Eduardo Zaplana a la presidencia de la Generalitat, se había reducido con el paso del tiempo y acelerado con la marcha de Zaplana a Madrid.

El proyecto esbozado por Félix para la AVE de los próximos años invadía un terreno que consideraba propio la patronal autonómica Cierval. O al menos así lo entendieron sus dirigentes. Las relaciones entre Félix y los dirigentes de otras organizaciones e instituciones empresariales valencianas no eran buenas, aseguran fuentes empresariales. El protagonismo alcanzado por Félix en la reivindicación del AVE o del Plan Hidrológico Nacional (PHN), el personalismo en la dirección del lobby..., indican fuentes empresariales, enturbiaron las relaciones de Félix con el resto.

La cumbre de AVE coincidió además con la presentación en Madrid del Foro Valenciano de Debate, otro lobby valenciano impulsado por Fernando Villalonga y bendecido por la CEOE en Madrid y por Cierval en Valencia. Una iniciativa que Félix recibió con recelo, apuntan las mismas fuentes, lo que se ha relacionado con la organización de la cumbre de Elche, donde la Cierval tiene su estructura más débil, agregan desde la patronal.

En la plaza Conde de Carlet de Valencia, sede de la CEV, la cumbre de AVE detonó el malestar latente en el seno de la organización. Desde hacía un tiempo, las bases de la patronal pedían a su presidente, Rafael Ferrando, un gesto que hiciese valer el peso de la confederación. Ferrando respondía ante los 800 empresarios asistentes a la cena de 25º aniversario de la CEV celebrada el miércoles en Valencia al presidente de AVE. Según sus propias palabras, las tres patronales provinciales 'son las más representativas'; otra cosa son, dijo Ferrando, 'los intereses legítimos pero particulares de determinados grupos de poder económico', dijo en alusión al lobby.

Félix 'se ha equivocado', opinan en círculos empresariales, que señalan a Luis Fernando Cartagena, ex consejero de Obras Públicas de Zaplana, como uno de los hombres de AVE llamados a ocupar funciones de más responsabilidad en el lobby, a juzgar por su actuación como maestro de ceremonias en la reunión del pasado lunes en Elche. Un papel, por otro lado, que causó cierta perplejidad entre algunos empresarios alicantinos.

En este escenario, la patronal valenciana CEV recupera el paso en Valencia y pone una pica en Madrid con el nacimiento del lobby encabezado por Fernando Villalonga, heredero de uno de los apellidos más respetados en el mundo económico valenciano.

La situación en la escena política es de incertidumbre y los empresarios así lo perciben. 'La situación es compleja', coinciden los industriales. Pero parece que se abre un periodo de nuevos proyectos y apuestas en los círculos empresariales.

Las 'regañinas' del PP

La Confederación Empresarial Valenciana (CEV), que preside el promotor Rafael Ferrando, ha recibido desde la llegada del PP al poder varias regañinas del partido en el gobierno. La primera y más anecdótica cuando el presidente del Gobierno, José María Aznar, le amonestó en Valencia por referirse a la deuda histórica del Gobierno central con la Comunidad para reivindicar más inversiones en territorio valenciano. Corría el año 1999.

Otro rifirrafe, menos anecdótico que el anterior, se produjo al año siguiente, cuando el entonces consejero de Industria de la Generalitat, Fernando Castelló, criticó al presidente de la patronal por unas declaraciones que, según interpretó el PP, ignoraban los avances económicos logrados por este partido en la Comunidad.

El último desencuentro público se produjo tras el nombramiento del presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, como ministro de Trabajo. El político se reunió con el lobby AVE -ya lo había hecho con regularidad durante sus años al frente de la Generalitat- y con el consejo de Cámaras de Comercio, que preside Arturo Virosque. El titular de Trabajo no encontró entonces hueco para encontrarse con la CEV.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 13 de octubre de 2002

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