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"No hay ninguna razón para vivir, salvo el vino blanco"

Aki Kaurismäki (Finlandia, 1954) mira con los ojos enrojecidos. 'No hay ninguna razón para vivir, salvo el vino blanco', afirma mientras fuma, y mientras bebe. Vino blanco. Son las doce de la manaña y su película, Un hombre sin pasado, se ha proyectado dos horas antes en una de las salas del Festival de Cine de San Sebastián. Logró el premio especial del jurado en el pasado festival de Cannes y en Donostia ha recibido el premio de la crítica a la mejor película de 2002. No le gustan las entrevistas, 'mis puntos de vista políticos, sociológicos y económicos del estado de la sociedad, la moral y el amor pueden encontrarse en la propia película', escribe en una breve nota de presentación al filme. 'Para bien o para mal no puedo añadir más', dice el director.

'Tenía ambición, pero sólo he encontrado una respuesta: no soy lo bastante bueno'

Grande y tímido responde a su manera, como si se burlara de sí mismo, no de los demás. Se sonríe sin apenas levantar la cabeza. 'Llevo 20 años siendo joven, ya no seré joven nunca más, ni quiero volver a serlo'. 'Mi cine no es familiar, no me gusta el concepto familia. Mi abuelo se suicidó y yo también me mataré algún día. ¿Le preguntaban a John Ford por qué siempre trabajó con John Wayne? ¿Por qué cambiar de actores si son buenos? Me gustan mis actores, con ellos sólo me basta silbar'.

En un hombre sin pasado un personaje dice que Dios sólo se ocupa del cielo, 'a nosotros no nos hace caso'. En otro diálogo un personaje reta a otro: '¡Pelea¡'. El otro contesta: 'No. Trata al prójimo como a ti mismo'. El retador responde: 'Habla claro'. Entre la filosofía y el absurdo, el filme de Kaurismäki muestra la esperanza de los que no tienen nada, de los que logran sacudirse de encima su pasado. 'Yo lo hice una vez. Me saqué de encima mi pasado. Sería algo bueno para todos. El pasado es una losa en los hombres, una losa terrible que nos ahoga'.

Kaurismäki sólo parece animarse al hablar de dos cosas: fútbol y Portugal. '¡El fútbol es mi vida! ¿Mi equipo? El Oporto. Vivo la mitad del año en Portugal. Me vengo en coche con mi mujer y mis tres perros. Dos días en barco y cuatro en coche. Antes lo hacía en tres días. Me gusta vivir allí. ¿Qué por qué? Porque no se parece nada a Finlandia'.

Un hombre sin pasado es la segunda película de una trilogía que pretende hablar de los hombres sin trabajo (Nubes pasajeras); de los hombres sin casa (Un hombre sin pasado) y una tercera que será sobre los hombres sin hombres. 'La soledad. Sí la soledad', subraya el director. 'Estoy trabajando en ello, y sólo puedo garantizarles una cosa: será, como siempre, una catástrofe. He hecho cine durante 23 años y ninguna de mis películas me parece aceptable. Tenía mucha ambición, pero sólo he encontrado una respuesta: no soy lo bastante bueno. Cualquier película de los sesenta es mejor que cualquiera mía. Sin talento la vida pierde gran parte de su sentido'. 'No me interesa el cine que se hace. Sólo veo películas antiguas. Antes, el 99% de las películas de Hollywood eran malas. Pero había un 1% genial. Ahora sólo hay 100 malas'. 'Yo quiero entretender a la gente sin violencia. Antes la gente iba al cine para descansar'.

Al preguntarle por el singular humor de su cine Kaurismäki responde muy serio: 'Mi cine no tiene sentido del humor'. Se calla. Y se disculpa: 'Lo siento, la frase no es mía. Es de Buñuel. Él dijo: 'En mi cine no hay simbolismo'. Una mentira sucia. Él era un gran mentiroso. Pero le respeto mucho, esté donde esté, en el cielo o el infierno, quiero que Buñuel sepa que le respeto'.

Aki Kaurismäki, en el hotel María Cristina de San Sebastián.
Aki Kaurismäki, en el hotel María Cristina de San Sebastián.JESÚS URIARTE
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Sobre la firma

Elsa Fernández-Santos
Crítica de cine en EL PAÍS y columnista en ICON y SModa. Durante 25 años fue periodista cultural, especializada en cine, en este periódico. Colaboradora del Archivo Lafuente, para el que ha comisariado exposiciones, y del programa de La2 'Historia de Nuestro Cine'. Escribió un libro-entrevista con Manolo Blahnik y el relato ilustrado ‘La bombilla’

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