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COLUMNA

Confianza

Por estas fechas hace un año, en octubre de 2001, se dio a conocer uno de los documentos más importantes que se han difundido en el ámbito económico y empresarial. Se refería al papel del Estado en el mantenimiento del equilibrio territorial en España y había sido gestado por el Círculo de Economía, uno de los foros más prestigiosos para el amplio mundo de los negocios y la actividad económica. Aquel documento trazó una línea claramente marcada de cómo los comportamientos políticos pueden influir en el acontecer económico.

Por su parte, los empresarios valencianos ya han podido constatar que las economías sectoriales de la Comunidad Valenciana, como poco, necesitan un ajuste fino y acomodarse a los tiempos de recesión internacional que estamos viviendo. La economía valenciana en su conjunto es muy sensible a la inestabilidad de los mercados exteriores. No es la primera vez que ha afrontado la superación de circunstancias adversas. Al contar con una notable diversificación sectorial dispone de condiciones objetivas adecuadas para no ver frenado su desarrollo y sus perspectivas de crecimiento.

En este campo se requiere el refuerzo de algunos aspectos para luchar contra la crisis con mayores garantías y en mejores condiciones. La formación de cuadros técnicos y directivos, la incorporación de las nuevas tecnologías, la aceptación de la globalidad de los mercados, la aplicación de sistemas imaginativos, la posición realista en el mercado y la aplicación de políticas comerciales adaptadas a las necesidades del cliente y al mismo tiempo ambiciosas, sitúan a la empresa valenciana ante un reto decisivo para abordar el siglo XXI desde la confianza.

El primer paso ineludible es el análisis de la situación y la aceptación, con toda su crudeza, de la más estricta realidad, de la cual tendrá que partir la posibilidad de superar las dificultades en las mejores condiciones.

Y el segundo requisito es contar con una cultura de asociacionismo que permita abordar los desafíos en común. Las organizaciones y entidades de carácter empresarial tienen un papel muy importante a desempeñar, tanto en los análisis sectoriales fiables, como en la adopción de medidas que asistan a los sectores en su conjunto.

En el momento actual se detecta una cierta resistencia a reconocer la situación real de la economía y en cada uno de los sectores en particular. No hay razones para emitir un mensaje apocalíptico, que no se corresponde con lo que está ocurriendo, pero tampoco se puede ignorar que las empresas tienen dificultades desconocidas en los últimos años. Para lograr la recuperación no queda más remedio que introducir cambios y aplicar métodos imaginativos. No basta la aplicación drástica de una reducción de costes que, cuando se generaliza, puede ser nefasta para el resto de la economía.

Según explicaba Baltasar Gracián, la infelicidad tiene mucho que ver con la estupidez. El peor servicio que se puede prestar a las empresas es la restricción de los datos sobre su realidad o, lo que es lo mismo, la condena a dificultar y retrasar la superación de la crisis.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 15 de septiembre de 2002