Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
Entrevista:Luis Vicente Giay | Presidente de la Fundación Rotaria | FILÁNTROPOS

'CUANTO MÁS TIEMPO ESTOY ABAJO, CON LOS POBRES, MEJOR ME SIENTO'

Pregunta ¿Cómo empezó en esto?

Respuesta. Tenía 23 años, había sacado la carrera de economista con buena nota y pertenecía a una familia relativamente conocida de Arrecifes. Supongo que por todo esto vinieron a buscarme los rotarios.

P. ¿Ya era rico?

R. La familia había trabajado muy duro desde que llegó. Teníamos una posición cómoda.

P. ¿Qué le dijeron los rotarios?

R. Fue sencillo: que me uniera al grupo.

P. ¿Bajo qué claúsulas?

R. ¿Claúsulas? La cuota y...

P. No, más bien morales.

R. Bueno, la filosofía rotaria es muy simple. Se trata de aplicar el sentido común y los principios usuales de convivencia. Es decir, el valor a la palabra dada, el mantenimiento de una actitud solidaria y la exhibición de una conducta moral.

'Mi despacho nunca cobra los estudios sobre proyectos filantrópicos, sean de la variante que sean'

'El rotario, a diferencia del filántropo, no da el dinero para un hospital, sino que lo construye y lo pone en funcionamiento'

P. ¿Qué es una conducta moral?

R. Lo usual: no robar, no maltratar, no delinquir.

P. ¿No especular?

R. ¿Qué quiere decir?

P. Si se le permite la especulación financiera a un rotario.

R. Sí, siempre que esté dentro de unos márgenes y que ese juego del capital se compense adecuadamente con otras actividades.

P. ¿Usted la practica?

R. Ehh... Yo tengo diversos negocios y, bueno, el movimiento del dinero forma parte inevitable de los negocios.

P. ¿Qué hace usted por los demás?

R. Bueno, es que ése es mi trabajo.

P. Concretamente, quiero decir. En tiempo y en dinero.

R. El cincuenta por ciento de mi tiempo es rotario. Soy el contribuyente principal de un hogar infantil en mi país. Y mi despacho nunca cobra los estudios sobre proyectos filantrópicos, de la variante que sean.

P. ¿La solidaridad es un lob-by?

R. Imagino lo que quiere decir. Siempre hay que tener cuidado con la gente que se acerca, aparentemente, a ayudar y que en realidad busca que le ayuden. En el Rotary y en la vida. Pero cuando esto sucede, naturalmente, actuamos.

P. ¿Ha habido expulsiones por ese asunto?

R. Expulsiones... Se van solos. Cuando alguien ve que los demás, los que te rodean, en las mesas de debate, en la actividad, no hablan tu mismo lenguaje se produce una situación inaguantable. Es así que optan por dejarlo.

P. ¿Hay rotarios en cualquier lugar?

R. Hay rotarios en 204 países o regiones geográficas.

P. ¿Dónde no los hay?

R. En Vietnam. En Cuba. ¿Quiere que le cuente una anécdota con Fidel Castro?

P. Bueno, son casi un género.

R. Ja, ja. Es verdad que hay mucha gente que cuenta anécdotas con Castro. Le diré. Los rotarios fueron muy importantes en la Cuba de antes de la revolución. Cuba fue el primer país de América donde hubo un club organizado. Y era importante: una de las avenidas centrales de La Habana se llama avenida Rotaria. Bueno, yo le explicaba a Fidel Castro todo esto. Él me miraba hasta que habló: 'Bueno, señor, Rotary puede funcionar en Cuba sin ningún problema. Al fin y al cabo, fueron ustedes los que se marcharon'.

P. ¿Le han hecho caso?

R. No. No tenemos garantías de que pudiera darse un funcionamiento adecuado.

P. ¿El Estado no le quitó al filántropo todo su trabajo?

R. No. Es cierto que entre los fundamentos del Estado moderno está la organización de la filantropía. Pero sólo hay que echar un vistazo a la situación que atraviesan muchos de esos Estados. Sin ir más lejos, el de mi país, el Estado argentino. Cuando uno advierte la extensión y la hondura de la corrupción se siente muy reafirmado en su empeño. O sea que si los políticos utilizan el dinero público para fines privados es perfectamente lógico, y necesario, que nosotros utilicemos el dinero privado para fines públicos.

P. ¿Por qué cree usted que la bondad es sospechosa?

R. ¿Cómo dice?

P. Nadie se acaba de fiar de uno que sea muy bueno.

R. Es la primera vez que alguien me dice algo así.

P. Bueno, lo siento.

R. Ehhh. Aunque sí, sí, déjeme recordar. Sí, un funcionario del departamento de emigración norteamericano. Me preguntó a qué y por qué había venido al país. Yo le expliqué los proyectos que llevaba entre manos. Siguió preguntándome. Quién me pagaba. Qué esperaba encontrar a cambio. Hurgaba en los motivos. A medida que yo se los explicaba, se mostraba más interesado y más receloso. Aquello duró un buen rato. Al final volvió a mirarme, más largamente, y me dijo: 'No le creo una sola palabra de lo que me ha dicho. Nadie hace nada si no recibe nada'. Y cuando acabó, selló mi visa y mi pasaporte con gesto enérgico y me los devolvió sin bajar la mirada. O sea que quizá no ande usted equivocado.

P. Dar no deja de ser cambiar. Lo que tal vez no concebía el funcionario es que usted recibiera a cambio una mercancia... espiritual.

R. Es verdad que en el entregar algo se busca algo. No es verdad, por el contrario, que siempre se encuentre. Pero ahí también se vislumbra una de las diferencias entre el filántropo individual y el rotario. Al fin y al cabo el que da es el club. Y, quiéralo o no, en ese paso la presunta vanidad del dar queda notoriamente amortiguada. Es una despersonalización que a mí me parece muy conveniente.

P. Insinuaba que había más diferencias entre filántropos y rotarios.

R. Sí, la filantropía es un camino en una sola dirección, como si dijéramos. Uno da y ya está. Algo similar sucede con el voluntariado: uno se compromete para una misión que empieza y acaba. Pero el rotario se compromete en un proyecto. No da el dinero o su trabajo y se desentiende, sino que diseña un proyecto y participa en él hasta que está alzado. Es decir, no da dinero para un hospital, sino que lo construye y lo pone en funcionamiento.

P. Usted lleva la vida de un hombre de negocios.

R. Yo llevo una vida de mucho sacrificio.

P. Quiero decir que buen parte de su vida pasa en condiciones de confortabilidad que poco tiene que ver con las de aquellos que socorre.

R. Sí, eso es verdad.

P. ¿Cómo lleva el contraste?

R. Yo atiendo mis negocios, claro. Pero en la otra mitad de la vida bajo a la arena y trabajo entre los más pobres. Lo que puedo decirle respecto a eso es que cuanto más tiempo estoy abajo, mejor me siento.

POLIOMIELITIS

El Rotary Club, que celebró hace pocas semanas su reunión anual en Barcelona, está a punto de ultimar con éxito el proyecto de erradicación de la poliomielitis en el mundo. En 1985, cuando empezó esta particular campaña contra la enfermedad, se contaban 350.000 casos en 127 países. 17 años después los casos se han reducido a 103 y los países a seis. Este es un ejemplo espectacular -y compartido con muchos otros- de la actividad filantrópica del que entre 1996 y 1997 fue presidente del club (los rotarios no mandan más de un año) y que ahora lleva los asuntos de la Fundación Rotaria, el señor Luis Vicente Giay, argentino de 1938, hombre de negocios con la mitad de su tiempo dedicado a la solidaridad, rotario convencido de que la filantropía organizada no es solamente un antídoto contra la deshumanización de la política, sino la corrección -política, beligerante- del desvarío de los gestores del Estado cuando aplican el esfuerzo común a la corrupción privada. La actividad de Giay se desarrolla en ocasiones en medios difíciles. En lugares, por ejemplo, donde la posibilidad de inmunizar a un niño contra una enfermedad determinada está prohibida por la ley y la costumbre. Este tipo de sucesos han fortalecido su convicción de que cualquier relativismo (más o menos cultural) debe detener su lógica ante el absoluto del hombre.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 22 de agosto de 2002

Más información