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Crítica:

Del egoísmo al altruismo

Helena Béjar realiza en El mal samaritano un estudio empírico sobre el voluntariado. Al analizar la nueva filantropía, la socióloga plantea observaciones críticas contra el papel de las asociaciones altruistas en la construcción de una ciudadanía sólida.

Nadie se acuerda de que fue Auguste Comte quien, con el fin de secularizar de algún modo la cristiana noción de caridad, acuñó la de altruismo, hacia 1851. La proliferación de entidades cívicas voluntarias que se dedican a la práctica del altruismo ha dado lugar a una caudalosa corriente de estudios y pesquisas sobre ellas o sobre el llamado Tercer Sector, donde presuntamente no prevalece el ánimo de lucro.

El ensayo de Helena Béjar parte de un estudio sociológico empírico sobre el voluntariado, como parte integrante del ámbito social independiente tanto del Estado como del mercado. Su valía reside, sobre todo, en constituir una reflexión en torno a la gestación, en el seno de la sociedad civil, de los valores que configuran los lazos sociales entre las gente física y simbólicamente próxima. Frente a una visión macrocóspica que explicaría los condicionamientos estructurales del altruismo cívico, la autora se concentra, desde un enfoque cualitativo, en el hecho de que se posea un determinado discurso. Su idea guía es la de la motivación, como orientadora de la práctica social del altruismo. Según sea ésta, así será la suerte de vínculo que se establezca con el objeto de auxilio.

EL MAL SAMARITANO: EL ALTRUISMO EN TIEMPOS DEL ESCEPTICISMO

Helena Béjar Anagrama. Barcelona, 2002 192 páginas. 12,02 euros

Terreno espinoso, el de las motivaciones humanas. Las de la nueva filantropía son tan escurridizas como las añejas. La autora escudriña todas: desde las virtudes morales tradicionales hasta las cívicas -tolerancia, solidaridad, responsabilidad- sin olvidar la desconfianza ante la dudosa conducta de los políticos. Su argumentación va decantándose hacia la conclusión de que el voluntariado constituye un comportamiento imitativo, que debe prender en instituciones cívicas. Asimismo es un mapa de sentimientos morales en el que se da una mezcla de razones. Así la compasión que atribuye a la herencia cristiana tiene sus ventajas, puesto que desgrava y redime al que la ejerce. Hay también observaciones críticas contra el papel de las asociaciones altruistas en la construcción de una ciudadanía sólida. El ensayo es certero en la identificación de los verdaderos asuntos, lúcido en los interrogantes que plantea e indispensable por haberlos sacado a la luz y haberles dado las pocas respuestas que, hoy por hoy, son posibles.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 17 de agosto de 2002

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