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Las protestas indígenas impiden construir otro aeropuerto en México

El Gobierno de Fox cancela su proyecto ante la revuelta contra las expropiaciones

El Gobierno mexicano canceló la construcción de un nuevo aeropuerto cerca de la capital al haber llegado al convencimiento de que la sublevación campesina de julio contra la expropiación de tierras podía agravarse y obligar a una represión policial de inciertas consecuencias. La rebelión de los machetes doblegó al presidente, Vicente Fox, y soliviantó a grupos empresariales, contrarios a una anulación considerada torpe, cobarde o susceptible de instalar la revuelta como negociación.

'¡Viva Zapata!', festejaban ayer los vencedores del pleito en torno al aeropuerto. El 22 de octubre del año 2001, el Ejecutivo mexicano anunciaba la ubicación del futuro aeropuerto internacional, a 40 minutos de Ciudad de México, y la expropiación de 5.391 hectáreas comunales, a 7,2 pesos el metro cuadrado (0,75 euros), trabajadas por cerca de 4.000 campesinos.

Al grito de '¡tierra, sí; aviones, no!', denunciando estafa y desprecio, clamando contra el neoliberalismo, arrancaron desde San Miguel Atenco las manifestaciones, que se tornaron especialmente violentas el 11 de julio, fecha en que labriegos y activistas de izquierda chocaron con los policías.

Los 31 heridos, las detenciones y la determinación de los amotinados colocaron al Gobierno de Vicente Fox en su peor trance hasta el momento. La revuelta prendió en otros municipios, el muerto acentuó el encono y los analistas reprocharon al Gobierno la inexistencia de operadores políticos capaces de conciliar propuestas, y también la intervención de intereses ajenos a la controversia.

Problema de gobernación

La presidencia mexicana debió afrontar su principal problema de gobernación desde que el empresario Vicente Fox derrotara al Partido Revolucionario Institucional (PRI), régimen durante 71 años, el 2 de julio del año 2000.

La policía fue desbordada en varias ocasiones, y un agente fue molido a palos cuando intentaba la contención de una turba incontenible. '¡Aquí no entran, cabrones!', había gritado el policía, pistola en mano.

La subida del pago por expropiación, que llegó hasta los 50 pesos por hectárea, fue rechazada, y los campesinos tocaron a rebato blandiendo machetes y vivas a la Virgen de Guadalupe y al legendario revolucionario mexicano Emiliano Zapata: '¡Aquí no se raja nada. De aquí al camposanto!'.

Las negociaciones comenzadas el pasado 21 de julio concluyeron, sin resultados, cinco días después. Sin embargo, la noche del jueves, la secretaria de Comunicaciones y Transportes comunicaba la definitiva marcha atrás. 'El Gobierno ha tomado la decisión de realizar los trámites conducentes para dejar sin efecto los decretos expropiatorios', señala el comunicado oficial.

Sin embargo, la viabilidad del actual aeropuerto internacional en Ciudad de México ha sido calculada en tres años más por estudios que datan de hace tres decenios. Los términos municipales de Texcoco, Atenco y Chimalhuacán, en el Estado de México, fueron elegidos como los idóneos para construir la nueva terminal, que hubiera requerido inversiones cercanas a los 3.000 millones de dólares (casi la misma cantidad de euros) y creado cerca de 80.000 empleos, según fuentes oficiales.

'Es difícil que alguien quiera venir a invertir cuando las decisiones políticas se anteponen a cualquier criterio', apuntó, tras el anuncio del Gobierno, Carlos Gosselin, presidente de Promotores Industriales de Vivienda (Provivac) del Valle de México.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 3 de agosto de 2002