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Crítica:CRÍTICA

La copia de una copia

Escrita y dirigida por el debutante Richard Kelly, Donnie Darko -título que corresponde al del nombre de su protagonista masculino- acumula los defectos de muchas de las películas realizadas por principiantes. Por un lado está bien rodada, como si se tratase del trabajo de un veterano, pero incluye unos efectos especiales que no hacen falta. Además, no es nada personal, ni, lo que todavía es peor, intenta serlo, y está llena de referencias a otras películas fantásticas, más o menos similares, por lo que parece la copia de una copia.

La historia de Donnie Darko, un muchacho con problemas que se salva de una extraña muerte cuando cae uno de los motores de un avión sobre la casa donde vive con su familia, sirve, en primer lugar, para volver a describir la lánguida vida de la tradicional comunidad norteamericana media. Sin embargo, lo que le interesa a Richard Kelly es subrayar las contradicciones, los pequeños horrores que esconden lo que viven en una lujosa urbanización de clase media como la que muestra.

DONNIE DARKO

Director: Richard Kelly. Intérpretes: Jake Gyllenhaal, Jena Malone, Drew Barrymore, Mary McDonnell, Holmes Osborne, Katharine Ross, Patrick Swayze, Noah Wyle. Género: fantástico. Estados Unidos, 2001. Duración: 122 minutos.

No obstante, la falta de experiencia de Richard Kelly se aprecia en que le falla el método para hacerlo, tanto a niveles de guión como de realización. No su peculiar protagonista con complejos, sino la materialización de su imaginario amigo, que le tiene dominado, en un terrorífico conejo de grandes dimensiones. Tampoco integra en el conjunto los excesivos personajes secundarios de que rodea a su protagonista, a pesar de estar interpretados por actores tan conocidos como Drew Barrymore -que también es la productora ejecutiva-, Mary McDonnell, Katharine Ross y Patrick Swayze.

Sin embargo, y a pesar de un exceso de longitud, Donnie Darko tiene un curioso final, con lejanas resonancias de la obra maestra de Frank Capra ¡Qué bello es vivir! (1946), pero sin sus connotaciones sociales, que da a la película un peculiar tono de 'aquí no ha pasado nada', al exponer las desgracias que podrían haberse evitado dando marcha hacia detrás en el tiempo.

Dentro del amplio reparto, destaca el no muy conocido Jake Gyllenhaal, protagonista absoluto, que no acaba de dar a su personaje las necesarias tonalidades misteriosas, secundado, a un nivel inferior, por la tampoco demasiado famosa joven Jena Malone, frente a un reparto de veteranos de diferente índole, bien dirigidos por el irregular Richard Kelly.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de julio de 2002