OPINIÓN DEL LECTOR
Cartas al director
Opinión de un lector sobre una información publicada por el diario o un hecho noticioso. Dirigidas al director del diario y seleccionadas y editadas por el equipo de opinión

Obrero e incultura

Me siento totalmente indignado desde hace años pero, si cabe, aún más en estos últimos días en que mi mente se retrotrae a hechos acaecidos en una época que mejor sería no recordar. Pero la realidad supera a la ficción. Soy funcionario del Cuerpo Nacional de Policía con el sueldo congelado desde hace más de 10 años; llevo cotizando a las arcas de la Administración casi 40 años y el motivo de mi indignación es el siguiente:

Tengo un hijo de 22 años, buen estudiante, serio y cuya ilusión es estudiar una carrera universitaria. En el curso 2001-02 inició sus estudios en una ciudad fuera de la que vivimos y los gastos que conlleva su carrera me cuestan aproximadamente el 25% de mi salario, además de los gastos mínimos de un joven de su edad. Pues bien, cuál no sería mi sorpresa cuando, esperando recibir alguna beca de ayuda, recibo una carta en la que se deniega todo tipo de subvención, ni siquiera para la matrícula, alegando que mi 'alto salario' es suficiente para sufragar todos los gastos que se ocasionan.

Mi riqueza consiste sólo en una vivienda de 40 años de antigüedad valorada en poco más de 18.000 euros y mi cuenta corriente tiene un saldo medio de cinco euros.

Si en este país llamado España, después de los gastos lógicos de una familia con un sueldo de unos 1.100 euros, se puede, según la Administración, costear una carrera, que venga Dios y lo vea y, para colmo, al recibir la carta que deniega dicha ayuda, me dan un plazo máximo de 10 días para hacer efectivo el importe correspondiente a la matrícula que asciende a unos 600 euros. De no llevarse a cabo este pago en dicho plazo, procederán a la desestimación de su matrícula para el curso escolar 2001-02.

A los responsables de tal injusticia quiero darles las gracias y manifestarles que toda mi vida y la de mi hijo les estaremos eternamente agradecidos por acabar con la ilusión de un joven y buen estudiante. En próximas fechas mi hijo dejará su carrera y pasará a engrosar las ya abultadas listas del paro y todo ello por tener la desgracia de vivir en este maravilloso país y ser hijo de un obrero, por lo que, en adelante, el voto de toda mi familia lo tenemos claramente definido.

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