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COLUMNA

Mis errores

'No tengo ninguna duda de que Arnaldo Otegi lanzó un grito de apoyo a ETA con su 'gora Euskadi ta askatasuna'', así comenzaba yo mi artículo Ascotasuna del pasado 31 de mayo. Y he aquí que Mikel Azurmendi dedica gran parte de su artículo 'Otegui, traducciones y vítores', publicado en Abc el pasado 7 de junio, a demostrarme que Arnaldo Otegi lanzó un grito de apoyo a ETA, etc. Analiza contextos, intenciones, historial anfibológico, irónico y hasta pérfido del personaje para demostrar que Otegi lo que gritó fue 'Viva ETA', algo que todos sabíamos, incluido yo. Pero de paso pretende demostrarme que la frase 'gora Euskadi ta askatasuna' significa y sólo significa 'viva ETA', y ahí sí que ya no puedo estar de acuerdo.

No tengo duda de que Arnaldo Otegi quiso gritar 'Viva ETA' y no otra cosa

En el pasado se pudo gritar, como alude Azurmendi, 'gora Euskadi askatuta' para significar lo que significaba, 'viva Euskadi libre', si mi sentido histórico no me falla, y sólo se gritaba 'gora Euskadi ta askatasuna' para significar 'viva ETA'. Como nunca he sido muy aficionado a los gritos, no creo haber gritado jamás ninguno de los dos, pero así como el primero lo oí con mucha frecuencia, el segundo no recuerdo haberlo oído nunca. Para gritar 'viva ETA'siempre oí gritar 'gora ETA', lo que no quiere decir que en clave de complicidad no hubiera quienes desplegaran el acrónimo en sus palabras constituyentes, seguramente para que no les entendieran los demás. Porque el nombre de la cosa, ya que Azurmendi me atribuye también errores categoriales, es ETA, esa es su marca universalmente conocida y la que la organización terrorista utiliza como denominación; y estoy convencido de que si Arnaldo Otegi no estuviera poniendo de moda su denominación ampliada y apropiándose de su significado, nadie en una taberna infestada de abertzales hubiera pensado que yo gritaba 'gora ETA' si hubiera entrado y hubiera gritado 'gora Euskadi ta askatasuna'. El esfuerzo descodificador necesario en oídos acostumbrados a la asociación universal entre 'viva ETA' y 'gora ETA', no les hubiera permitido entender en mi grito otra cosa, si eran euskaldunes, que 'viva ETA y la libertad' o 'viva ETA y libertad (para Euskadi)', sentidos que encerraba y encierra esa frase, como Arnaldo Otegi sabe a la perfección.

El uso limitado de una expresión y acotado a un contexto o ámbito determinados, ¿limita de una vez por todas su significado? El enunciado 'gora Euskadi ta askatasuna' es un enunciado factible en euskera y que forma parte del bagaje de esta lengua. Se utilizara poco o mucho, cualquier usuario del euskera podría recurrir a ella con el significado de 'viva Euskadi y la libertad', inequívoco y legítimo si no existiera ETA. En la medida en que la organización terrorista existe, ese enunciado puede significar también 'viva ETA'. ¿Anula totalmente este significado al primero, de forma que quien quiera gritar 'gora Euskadi y la libertad' sólo lo podrá hacer en castellano, jamás en euskera? Arnaldo Otegi conocía perfectamente el carácter bisémico de la expresión, razón por la que recurrió a la argucia de utilizarla, para poder navegar entre su doble sentido y poder escapar a la justicia. No tengo duda de que quiso gritar 'viva ETA' y no algo parecido a como cuando cualquier leonés grita 'viva León y libertad', equiparación que yo no la hacía con Otegi en mi artículo, como asegura Azurmendi, sino con cualquier ciudadano vasco hipotético que con esa expresión no quisiera gritar 'viva ETA'. Pero se aprende antes a tergiversar que a leer.

Afirma también Azurmendi que las frases sólo tienen el significado que se les dé en la interacción locucional, y pone como ejemplo las diversas connotaciones de la palabra 'fuego' según quien la emita y en qué situación. De acuerdo, pero el fuego de los bomberos no anula el fuego del corazón, que es de lo que aquí se trata. La justicia tendrá que determinar el significado que Otegi le dio a la frase, pero lo que no podrá hacer es dictaminar que ese es el único sentido de esa frase, como pretende Azurmendi, y prohibirla en todos los casos. Es sobre ese riesgo sobre el que pretendía llamar la atención con mi artículo, pues en ese caso la lengua vasca sí quedaría mutilada, en la medida en que una noche de desenfreno -pues no creo que en otra circunstancia se me ocurriera- yo podría gritar tranquilamente 'viva Euskadi y la libertad' en castellano y no podría hacerlo en euskera, salvo riesgo de ser acusado de apología del terrorismo.

A Azurmendi le parece obvio que eso sólo puede pasar en euskera, porque sólo en euskera coincide con el acrónimo ETA, y no comprende mi preocupación. Y como para él esa frase sólo significa eso porque así lo ha decidido ETA, es incapaz de darse cuenta de lo que su aserto tiene de claudicación. Le recomiendo la lectura de Alicia a través del espejo, pero le aconsejo también que vuelva a leer mi artículo para que comprenda que lo que pretendía en él era retirarle el mando a ETA sobre el significado de nuestras palabras y nuestras vidas. Cuando los resistentes franceses eligieron los versos de Verlaine, maravillosamente aliterativos, como contraseña de ataque en el desembarco de Normandía, se hicieron temporalmente dueños de aquellos versos, pero no anularon el resto de sus significados. Quienes no participaron en la operación e ignoraban la contraseña, les dieron su significado lector, propio e intransferible, a esos versos: 'les sanglots longs/ des violons...'. Pues bien, entre nosotros no todos estamos con la contraseña de ETA, y nos negamos a entregarle en patrimonio nuestras lenguas, nuestras vidas y nuestras lágrimas.

Insisto en que el único patrimonio que debemos adjudicarle a ETA es el del crimen y el terror, por muchos otros logros que también, según Azurmendi, haya que otorgarles. Sé que para él esos logros son desgrciados, pero darlos por definitivos me parece otra claudicación. Que el euskera deje de ser una lengua étnica, ideológica e instrumento de dominación y exclusión es una tarea que le corresponde emprender a la política, y lo tendremos que hacer los no nacionalistas. Es lo que yo sugería también en mi artículo, y eso no se consigue por dejación. Aunque si se considera que todo nuestro espacio simbólico, pragmático y político es un logro de ETA y está infectado por ella y le pertenece, igual lo que se está proponiendo es su pura y simple prohibición. Un peligro cuyo calificativo me lo reservo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 12 de junio de 2002