Reportaje:BICICLETA VASCA

El 'hermano' feo de Cipollini

Martín Perdiguero, el velocista español del Acqua&Sapone, gana en el 'sprint' de Salvatierra a Freire

Viste una indumentaria con rayas de cebra idéntica a la de Cipollini, pero no es Cipollini. Gana al sprint como Il Bello Mario, pero no es Mario. Es capaz de dejar atrás a cracks de la talla de Zabel o Freire, es decir, lo mismo que suele hacer el Rey León, pero no él no ruge. No es súper Mario. Miguel Ángel Martín Perdiguero ni siquiera tiene el sinfín de apelativos que adornan y enaltecen al más grande velocista del ciclismo en la última década. Perdiguero, Perdi para sus compañeros de pelotón, no es guapo, ni alto, ni estiloso, ni millonario, ni tan rápido como su jefe de equipo. Pero sabe ganarse la vida mientras Cipollini disfruta de unas merecidas vacaciones tras el Giro.

Perdiguero fue ayer el más rápido en la meta de Salvatierra, en una tercera etapa de la Bicicleta Vasca que no sirvió de nada, salvo para admitir el mérito del sprinter madrileño y para que los corredores llegasen al hotel calados hasta los huesos. Por lo demás, Mikel Zarrabeitia, el líder, espera a que saquen la cabeza sus adversarios y se destapen. Hoy tienen su penúltima ocasión: una jornada doble, en línea por la mañana y, sobre todo, la contrarreloj de la tarde en Mendaro, de 21 kilómetros.

Entre los rivales de Zarrabeitia no se cuenta Perdiguero, inofensivo para la clasificación general. Lo suyo son las victorias de un día. Así se ha labrado su reputación, en llegadas masivas y, si puede ser, que incluyan un pequeño repecho en la línea de meta. Para él, la norma no suele ser el triunfo, pero el tesón le ha dado algunas satisfacciones. Aparte de algunas victorias en años anteriores (La Rioja, Asturias, el Gran Premio Miguel Induráin y el de Llodio...), esta temporada, a sus 30 años, ha aprendido a ganar a los que antes veía como invencibles. En marzo se impuso a Erik Zabel, el regularísimo alemán, en una etapa de la última Setmana Catalana. Ayer, en Salvatierra, también había una buena representación de lo mejor de los llegadores españoles, pero ante todo su gran orgullo fue ganar a Óscar Freire, el campeón del mundo. Con su menudo cuerpo se buscó hueco entre Ángel Edo, el veterano que da sus últimas pedaladas en Portugal; David Etxebarria, el vasco necesitado de descorchar de nuevo el cava en el podio; y por supuesto Freire, que se quedó encerrado en el sprint.

Las ironías del ciclismo hicieron que Perdiguero ganara el día en que su equipo, el Acqua&Sapone, no trabajó. Sí lo hizo al principio de la etapa, pero dimitió en cuanto vio que se formó un grupo de 12 escapados, con algunos acreditados fugistas entre ellos (Piccoli, por ejemplo). Ya que el ONCE-Eroski se ha echado toda la responsabilida de la Bicicleta Vasca a las espaldas, el equipo italiano se escondió, como los demás.

Aunque Beloki carece de posibilidades de ganar, no deja de sorprender verle a él en persona, el líder del ONCE para el Tour, encabezar del pelotón, trabajar como el último, como en su no tan lejana etapa de gregario. Gracias a él, y a Pradera -que en una pirueta táctica bajó del grupo escapado para tirar de los perseguidores-, el equipo amarillo hizo el trabajo a los equipos de los velocistas y capturaron a los aventureros a cuatro kilómetros del final.

Allí estaban todos: Freire, que sólo contó con la ayuda de Horrillo (quien se había caído unos kilómetros antes), Etxebarria, Edo... y Perdiguero, el discípulo de Cipollini, más feo y más pequeño, pero rápido y listo. Las azafatas le sacaban una cabeza, sí. Pero sólo él recogió el ramo de flores.

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Etapa Zeanuri-Agurain (185,3 kms.) 1.- M. Perdiguero (A&S), 4h 36m 6s 2.- D. Etxebarria (Euskaltel), mt 3.- M. Elminger (Phonak), mt Clasificación general: 1.- M. Zarrabeitia (ONCE), 13h 14m 3s 2.- K. Pospyeyev (A&S), a 4s 3.- Pipe Gómez (Kelme), a 9s

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