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El FBI tardó más de tres semanas en registrar el ordenador de Moussaoui

El FBI está reñido con la informática. Coleen Rowley, la agente de Minneapolis que el jueves denunció ante una comisión del Congreso las deficencias de la agencia de investigación federal, empezó su inesperada cruzada contra la burocracia el verano pasado cuando trató de conseguir una orden de registro para acceder al ordenador de Zacarias Moussaoui, el único sospechoso detenido el pasado 16 de agosto en relación con los atentados del 11-S. El ordenador revelaría más de tres semanas después pistas importantes sobre los atentados.

De todas formas muchos agentes nunca hubieran podido acceder a esa información. El sistema informático del FBI, como ha reconocido su propio director, Robert Mueller, es tan deficiente que no puede buscar datos sobre temas tan elementales como 'aviación' o 'escuela', ni contrastar información entre los distintos Estados. Rowley contó que muchos agentes no saben usar un teclado y no les gusta usar ordenadores.

'Podrían mejorar nuestro sistema informático', contestó Rowley cuando uno de los senadores le preguntó sobre las reformas que el FBI necesitaba con más urgencia.

Moussaoui, el francés de origen marroquí, que ahora espera ser juzgado en una cárcel de Virginia, fue detenido en agosto pasado por la oficina del FBI en Minneapolis por su comportamiento sospechoso en una escuela de aviación local. Cuando los agentes quisieron registrar su casa se toparon con la negativa de los jefes en Washington.

Por su cuenta, los agentes intentaron recurrir a una ley especial (la Foreign Intelligence Surveillance Act) que permite al Gobierno realizar pesquisas en casos de espionaje o terrorismo. No hubo forma. El ordenador de Moussaoui sólo se registró días después del 11 de septiembre y reveló información sobre el tipo de aviones que fueron utilizados en los atentados y avionetas que esparcen pesticidas. También contenía el teléfono en Alemania del compañero de habitación de Mohamed Atta, el presunto cerebro de toda la operación.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 8 de junio de 2002