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COLUMNA

Fragor

La inseguridad, la inflación y la competitividad son los tres temas que preocupan a los empresarios valencianos. Por la inseguridad ha reclamado recientemente el presidente de la red de empresarios de las comarcas centrales. En este mismo ámbito, el sector textil de la Vall d'Albaida también plantea su inquietud por las consecuencias para esta comarca central de la Comunidad Valenciana, por su alejamiento del eje de comunicación ferroviaria del futuro tren de alta velocidad.

Las comarcas centrales tienen una problemática peculiar y acusan su alejamiento equidistante de Alicante y de Valencia. Se sienten desasistidos e incomunicados al permanecer históricamente distantes del litoral y de los grandes ejes viarios. Esta reivindicación no se ha de centrar exclusivamente en su lejanía física, sino sobre todo en su desvinculación de los acontecimientos y en las grandes decisiones que afectan al conjunto de la comunidad autónoma.

En el panorama empresarial valenciano falta un debate abierto sobre la naturaleza de la burguesía autóctona, su evolución y su proyección de futuro. En el conjunto de España se están viviendo movimientos empresariales profundos que apuntan hacia una incesante ebullición en sus estrategias, alianzas y las inevitables tensiones en sus relaciones con el poder político.

A finales de 2001 abrió el fuego el Círculo de Empresarios, que tiene su sede en Barcelona, con la publicación de un documento sobre la excesiva centralización de los organismos de decisión económica. A raíz de la crisis argentina, Emilio Botín replanteó sus posiciones desde el Banco Santander-Central y su grupo empresarial (fusión ACS-Dragados). El País Vasco y Bilbao han visto cómo se socavaba su poderío empresarial con la crisis, que no ha hecho más que estallar, en la cúpula del BBVA y el núcleo económico de Neguri.

A Josep Vilarasau, presidente de La Caixa, le será aplicable la reglamentación que limitará la edad de los consejeros en las cajas de ahorro. De este modo se aparcará al personaje más destacado en el panorama económico catalán.

En la Comunidad Valenciana se intuye que están produciéndose movimientos y se presume que hay corrientes de opinión críticas con respecto a determinados asuntos que pesan en el acontecer empresarial valenciano, pero estas manifestaciones no se expresan con suficiente claridad. La inseguridad, la competitividad, la productividad, las infraestructuras o las exportaciones son temas candentes que plantean interrogantes ante el futuro inmediato. Incluso se han producido intentos para establecer una cabeza de puente en Madrid, que nunca acaba de cuajar. Sólo la simple iniciativa ya ha suscitado todo tipo de recelos.

Los empresarios valencianos siguen influenciados por el temor a las represalias contra quien pretende destacar o emitir su opinión. Ante este fragor que se percibe en el subsuelo sólo cabe terminar con las prepotencias o resignarse a un papel secundario en la Comunidad Valenciana y en España. Una sociedad pusilánime tiene escasa posibilidades de sobrevivir en un mundo competitivo. Y eso no le interesa a nadie.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 20 de mayo de 2002