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TRIBUNALES

Un juez archiva el caso del 'hacker' de Interior y afirma que acceder a una 'web' no es delito

El juzgado número 2 de Lorca (Murcia) ha sobreseído el caso del hacker que trató de entrar en la web del Ministerio del Interior desde una dirección de Hotmail, en 1998. Tras meses de pesquisas, la Guardia Civil detuvo a Daniel Ortiz Cano, de 22 años. La semana pasada trascendía el fallo, que considera no probada su culpa.

Todo empezó en junio de 1998, cuando el servidor web de Interior fue víctima de un ciberbombardeo. Según informó el ministerio: 'Se han producido ataques al servidor corporativo de Interior, lo que lleva a la conclusión de que se trata de un ataque coordinado y masivo para hacerse con el control de la máquina'. Al mismo tiempo, alguien intentaba robar los archivos /etc/host y /etc/passwd. Según la sentencia, nunca hubo ni robo ni bombardeo.

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El juez Antonio Alcázar Fajardo dice que si alguien se hubiese llevado los ficheros no sería delito, por no haber en el servidor 'información legalmente calificada como secreta, relacionada con la seguridad nacional, ni datos reservados de carácter personal'. Como hizo en su día el juez del caso !Hispahack, Alcázar destaca que 'las conductas de mero hacking o acceso a los sistemas informáticos, con la finalidad de acceder al password o puerta lógica, no son delito'. La sentencia recoge el testimonio del subsecretario de Interior, Leopoldo Calvo-Sotelo: 'el ataque se produjo en una web de libre acceso, desde la que no se podía entrar en las bases de datos y que, de haber tenido éxito, no habría pasado de una gamberrada'. A Ortiz, se le acusó de descubrimiento y revelación de secretos, penado con cuatro años de prisión. Según Carlos Sánchez Almeida, abogado de la defensa junto con Ramón Quiñonero, 'fue un montaje del que se aprovecharon algunos políticos'.

La familia ha denunciado la desproporción de las intervenciones judicial y de la Guardia Civil. La fianza costó 500.000 pesetas, se queja el padre: 'Tuvieron a mi hijo incomunicado una semana en una habitación de cinco metros cuadrados, sin ventana, sólo porque su teléfono empezaba por 9684. Nos han hundido psicológica y socialmente. El chico tuvo que irse del pueblo para trabajar. Y, al final, resulta que no había pruebas, buscaban un cabeza de turco'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 16 de mayo de 2002