Los militares rusos mantienen objeciones al acuerdo
El presidente ruso, Vladímir Putin, dijo estar 'satisfecho con la labor conjunta' realizada con EE UU para lograr el acuerdo sobre reducción de armas estratégicas ofensivas. No obstante, el texto consensuado ayer en Moscú aparentemente representa una entrega de posiciones por parte del Kremlin. De premio de consolación, Rusia obtendrá un documento vinculante que podrá mostrar a sus ciudadanos como prueba de que ha comenzado una nueva era de entendimiento con Estados Unidos.
El subsecretario de Estado norteamericano, John Bolton, y el viceministro de Exteriores ruso, Gueorgui Mamédov, acordaron reducir sustancialmente las armas nucleares estratégicas. Pero esa reducción no significará la destrucción de todas las cabezas nucleares hasta llegar al techo pactado -entre 1.700 y 2.200-, sino que algunas podrán almacenarse. Esto era lo que pretendía EE UU y a lo que Rusia se oponía. Moscú deseaba que todas las cargas nucleares fueran realmente eliminadas.
En Rusia continúa una lucha sorda entre los diplomáticos partidarios de aceptar la posición de EE UU y los militares reacios a ello. Pocas horas después de que Bush y Putin hicieran público el acuerdo, el ministro de Defensa, Serguéi Ivanov, hizo declaraciones que ponen en duda los resultados alcanzados por Bolton y Mamédov. 'Rusia no ha retirado sus objeciones con respecto a los planes de almacenar y no destruir parte de las ojivas', dijo el ministro. Ivanov, amigo de Putin de quien fue colega en los servicios secretos, declaró que el almacenamiento de las cargas nucleares 'no significa' una disminución de los arsenales. Pero puede ser que esas palabras de Ivanov vayan dirigidas a calmar los ánimos de los halcones, que acusan a sus dirigentes de capitular ante el dictado estadounidense.
No está claro aún cuántas cargas nucleares serán realmente eliminadas y cuántas almacenadas. Los jefes de la diplomacia de ambos países, Colin Powell e Ígor Ivanov, deberán afinar los detalles en la reunión que mantendrán hoy y mañana en Islandia.
No sólo Rusia ha mostrado flexibilidad en las conversaciones. EE UU, que en un principio se mostraba reacio a firmar un documento vinculante, ahora ha anunciado que lo hará. El acuerdo dejará, no obstante, muchos cabos sueltos.
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