Entrevista:Quim Monzó

'El cuento es una pasión rápida'

Hay algún escritor ahí?'. El contestador automático de Quim Monzó almacena preguntas como ésta a lo largo de la entrevista. Monzó se levanta, baja el volumen, sigue con la conversación, acude a la estantería, recomienda a un autor -'Gonzalo Calcedo. Lo descubrí en uno de esos libros que dejan en la mesilla de los NH'-, vuelve a sentarse.

PREGUNTA. ¿Cuál es el mejor de los mundos?

RESPUESTA. Éste. El problema es que no hay otro. Con toda la tristeza que hay y con todo el humor que hay que ponerle.

P. Baroja decía que el ideal sería un lugar sin curas, sin moscas y sin carabineros. ¿Qué le sobra al suyo?

R. Nada. Le sobra maldad, si nos ponemos sentimentales. Podría decir cosas de éstas, pero... Hay gente con la voluntad de cambiarlo. Para mí lo terrible, y lo apasionante, es intentar describirlo. Ése es mi trabajo.

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P. ¿La literatura no puede cambiarlo?

R. No. Puede ayudar a entenderlo.

P. Esa actitud es casi la de sus personajes: parece gente que no sabe decir que no.

R. Eso es un autorretrato involuntario. Aquí, en Cataluña, hubo un tipo de literatura muy combativo en los sesenta, de resistencia, antifranquista. Los valores de la literatura residían en que estuviera cargada de contenido, revolucionario, nacional, feminista... En la transición vimos cómo todos los ideales eran traicionados.

P. ¿Ya no hay héroes?

R. No puede haberlos. El único héroe en mis libros es el de La magnitud de la tragedia, que consigue una erección permanente. Eso le lleva a la desgracia. Es la sátira del héroe, del súperman.

P. ¿Se resigna?

R. Soy pesimista. Mis padres envejecen, amigos míos empiezan a morir. Hace 15 años ni me lo planteaba. Cuando escribí El porqué de las cosas todo era: ¡a divertirse, a follar sin parar!

P. ¿Se considera un escritor realista?

R. En este último libro, el relato del hombre con el feto de su hijo recién nacido muerto en el frigorífico es verídico. Después de publicarlo he sabido de varios casos más. Si la fantasía no forma parte de la realidad no se la cree nadie. Tiene que ser verosímil.

P. Dicen que es usted uno de los mejores cuentistas de Europa.

R. No haga mucho caso.

P. Usted distingue entre cuento y relato, ¿cómo?

R. Un relato es una narración de hechos que puede empezar y terminar en cualquier momento. El cuento, no. En un cuento, todo el desarrollo tiende a un fin, que no tiene por qué ser sorprendente. La sorpresa es un mito.

P. Ambos tienen en común la economía de lenguaje.

R. La descripción de Freud del chiste -economía del lenguaje, ninguna trampa...- tiene mucho que ver con el cuento, aunque no tiene por qué hacer reír. El cuento cierra de una forma compacta. Está muy cerca del poema.

P. Tiene más tradición en los países anglosajones.

R. Allí, hay una tradición de publicar cuentos en revistas que toman los suramericanos. Nosotros estamos acostumbrados a leer los cuentos en libro, para ellos el lugar natural es la revista, cultural o no.

P. Usted ha traducido a muchos cuentistas norteamericanos, ¿cuáles le interesan?

R. Salinger, Capote, Ray Bradbury...

P. Le defraudó Hemingway al traducirlo, ¿por qué?

R. Traduje The sun also rises y me molestó ese truquillo del pintoresquismo de muchos norteamericanos. Él coloca palabras en español para demostrar su mundología. Y están mal escritas.

P. ¿A quién destacaría entre los más modernos?

R. A John Cheever, con esa descripción de la anécdota sin entrar mucho en el cerebro de la persona, a Robert Coover... y a muchos italianos: Italo Calvino, Giorgio Manganelli. Y Dino Buzzatti, que en Italia pasó por el purgatorio porque era muy popular. La gente lo adoraba y la crítica no se lo perdonó.

P. ¿Por qué cree que tiene más prestigio la novela que el cuento?

R. Manganelli decía: 'Una novela son 40 líneas y dos metros cúbicos de aire'. A veces el trabajo del escritor consiste en quitar ese aire. Los editores dicen que los cuentos no se venden.

P. ¿No es cierto?

R. Hay lectores que prefieren la novela, supongo que por lo mismo que prefieren el pescado gordo. La novela es un amor que dura. El cuento es una pasión rápida que se acaba a las 30 páginas.

P. ¿Qué le parece el auge del cuento hiperbreve?

R. Está bien, pero cuando me pongo a escribir no sé la extensión. Sólo tiro de un hilo. Y es difícil saber la medida de ese hilo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del viernes, 26 de abril de 2002.

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