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COLUMNA

La utilidad de estos eventos

En el imaginario de algunos ciudadanos, especialmente de políticos y comentaristas que giran en la órbita del poder establecido, Valencia ha sido estos días un referente internacional de primerísimo orden. Y no lo discuto. Cada cual es muy libre de valorar como guste los recientes acontecimientos, empezando por la Conferencia Ministerial Euromediterránea, el encuentro de tan descollantes personalidades y la serie encadenada de contestaciones y reivindicaciones que han animado la calle, siquiera sea para dejar constancia de que el pensamiento único no nos ha sumido a todos en un mismo aprisco de vencidos y resignados ante los desmadres horrorosos del gobierno de Israel y de sus valedores.

A estas horas es muy probable que los servicios competentes de la Generalitat tengan ya confeccionado un voluminoso press book, una selección de recortes de prensa desmostrativa del eco mundial alcanzado por el cap i casal, así como del florilegio de frases pomposas y lugares comunes aireados. Si, además, este encuentro de ministros ha dado algo de trigo, al margen de cumplimentar protocolos y formalidades, será cosa de ver cómo se hiperboliza la calidad de esta ciudad cual anfitriona de grandes eventos, por los que evidentemente se pirran nuestras autoridades. 'Hay que sacudirse el pelo de la dehesa', nos aleccionaba un alto dirigente del PP doméstico. Estupendo. Así, en las lejanas latitudes, nos conocerán por alguna gracia distinta a la de estar a tiro de piedra de Benidorm, como suele acontecer. No deja de ser una ventaja.

Pero sin ánimo de aguarle la fiesta a nadie ni de mellarle sus propósitos propagandísticos, nos preguntamos si estos fastos justifican las incomodidades vecinales que producen, empezando por los cortes de circulación, la ocupación policial de los espacios públicos y las aludidas réplicas de los agraviados, descontentos e impugnantes de las hegemonías -políticas y económicas- que nos administran. Bien comprendo yo que nuestros gobernantes crean estar rindiendo grandes servicios al mundo y a Valencia mientras se codean con la crema ministerial y polarizan la atención de los focos. Incluso debe transigirse con los chauvinistas que piensan haber tocado el cielo con la visita del tragaldabas de Simón Peres, esa especie de vitola inútil que se le ha puesto a la referida conferencia. Pero al más común y sensato de los ciudadanos -que constituye la mayoría- ¿qué dividendo le deja este barullo?

Y lo más fastidioso del caso es que los promotores de estos fastos están convencidos de que esta es la línea a seguir para situar la capital autonómica en la agenda diplomática de más alto rango, propagar la bondad de la Ciudad de las Artes y de las Ciencias y nutrir el expansivo negocio hostelero. O sea, que para sacudirnos el apacible provincianismo nos van a trastornar la existencia mediante estas políticas de gestos, pompa y circunstancia. Ante tal fatalidad sólo sugerimos que consideren la conveniencia de situar los ineluctables eventos en comarcas como Los Serranos, a tiro de piedra de la gran urbe. Excelente paisaje, buenas comunicaciones, fácil control de las mani y todo el sosiego que se quiera para debatir sin poner patas arriba a la de por sí caótica Valencia. ¿Vale?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 25 de abril de 2002