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OPINIÓN DEL LECTOR

Alternativa nacionalista

A un año de las elecciones municipales, el Ayuntamiento de Donostia ha entrado en crisis política. No es ningún secreto que Odón Elorza, más especialista en ruido que en nueces, acentúa los gestos populistas ante la proximidad de las elecciones. La ruptura de la colaboración entre PSOE y PP en Donostia es uno de estos gestos ruidosos que busca lavar una imagen política deteriorada ante muchos de sus votantes progresistas o nacionalistas del año 1999. La vivienda pública, Auditz-Akular y la revitalización de Altza son pretextos adecuados para el guión pre-electoral y presentar de nuevo a Donostia una competición en la que habría de elegirse paradójicamente entre los dos partidos que la han gobernado sin resolver esos problemas. Este conflicto de diseño buscaría que la ciudadanía se olvidara que ambos partidos (PSE-PP, Elorza-San Gil) han gobernado Donostia juntos y en comunión, y, en segundo lugar, recrear la imagen de un Elorza de refresco, dispuesto a relevarse a sí mismo en plenitud de facultades, con su chistera repleta de ideas y soluciones nuevas y brillantes. Pero la estrategia de crisis controlada de Elorza fracasará. En primer lugar, porque a los donostiarras se les pretende vender un enfrentamiento virtual, más en clave de oposición de temperamentos personales opuestos que de soluciones políticas diferenciadas. En segundo lugar, porque Elorza ya ha dispuesto de doce años para aplicar sus recetas, y en la última legislatura lleva camino de aislarse de los demás y agotar su crédito ante la sociedad. Y, en tercer lugar, porque el nacionalismo se ha reagrupado y ha encontrado un discurso de vertebración de ciudad desde la centralidad.

En este sentido, se ha de valorar positivamente la unidad de acción que los grupos municipales de EA y PNV han mantenido durante toda la legislatura. Pero, por encima de todo, se ha de valorar especialmente el impulso que la propia sociedad donostiarra está proporcionando a la idea, empeñada en contagiar la ilusión por reeditar la coalición entre EA y PNV a los sectores más refractarios de los partidos, que, aunque los hay, son cada día menos. Quedarse en que esta idea busca unir fuerzas para ganar el Ayuntamiento Donostiarra sería puro simplismo. Se trata, también en nuestra ciudad, de dar una oportunidad a la nueva etapa, con nuevos actores, nuevas caras, nuevos planes, nuevas expectativas. Queremos elaborar una buena alternativa para gobernar nuestra ciudad, que se hará, con impulso popular, de abajo hacia arriba o no se hará. Todos, también las direcciones de EA y PNV, deben ponerse desde ya a facilitarlo, sin trabas, ni retrasos, ni excusas, respetando lo que las bases ya decidieron.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 23 de abril de 2002