Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra
COLUMNA

Niños

Con los políticos y sus votantes pasa como con los programas de telebasura y sus seguidores: que no sabes qué te inspira más miedo. ¿Quién es peor, Sharon o quienes le votaron porque en su currículo figuraba la masacre de Sabra y Chatila, lo cual garantizaba, en cierto modo, que 'acabaría el trabajo', como está haciendo?

Pero no nos pongamos en extremos tan extremosos. Fíjense en ese caballero francés, el tal François Bayrou, candidato por la UDF a las elecciones presidenciales que se celebrarán en Francia el próximo domingo. El tipo pasaba por blandorro y no se comía un rosco en las encuestas, pero desde que le pegó una leche a un chaval que le metió la mano en el bolsillo con la intención de robarle, y tuvo la suerte de que las cámaras captaran su gesto, ha duplicado la expectativa de voto. El frustrado ladronzuelo era árabe. Cosa que también captaron las cámaras.

La anécdota tiene una lectura inmediata: el electorado quiere mano dura, y la quiere con los de siempre. Si el niño amigo de lo ajeno hubiera sido un rubio querubín de ojos azules, cabe la posibilidad de que a Bayrou se le hubiera caído el pelo porque los querubines europeos sólo meten mano en los bolsillos para buscar dulces. Pero era árabe. Y el candidato se convirtió, por ese simple bofetón que al pobre le debió de salir instintivamente y a lo mejor sin tener en cuenta la etnia del chiquillo, en uno de los nuestros. Uno de los que pueden proteger a los nuestros de los otros.

Los candidatos a gobernantes de nuestra órbita también llamada civilización van a tener que introducir algunas modificaciones, a la hora de hacer campaña. Ya no se lleva lo de agarrar niños en brazos y besuquearlos hasta la asfixia. Repartir cachetes resulta mucho más rentable. Si yo fuera jefa de campaña de un político, no dudaría en alquilar varios niños oscuritos que pondría a girar a su alrededor, con mirada aviesa y mano lista al hurto, para proporcionarle al candidato la oportunidad de sacárselos de encima de un guantazo.

Menos mal que Aznar no quiere repetir porque, en este futuro que tenemos encima, aquello que dijo de 'a mí me gustan mucho los niños' sería como una lacra. Salvo que especificara de qué país y de qué color.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de abril de 2002