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COLUMNA

Bisturí

Antes del 11-S y del estupendo vuelco imperial que ha dado nuestro mundo, mis ambiciones eran sensatas, de clase media: envejecer con suficiente salud y relativa dignidad, no morirme sin haberle colocado antes el perro a alguien de confianza, descansar de vez en cuando en un amistoso hotel, en una playa y fuera de estación, seguir viendo a mis amigos en buenas condiciones, no perder la chaveta.

Mi sueño actual es científico: que la práctica de lobotomías sea admitida por la sanidad pública y que me la apliquen masiva e inmediatamente. Porque sólo mediante lobotomía previa voy a poder enfrentarme a diario con la información. Leo, por ejemplo, que el ministro británico de Asuntos Exteriores, señor Jack Straw (ya saben, el que permitió que encarcelaran a su hijo por consumo de drogas y dejó libre a Pinochet por genocidio), se propone regularizar las compañías militares privadas. La impresión que me produce enterarme de que hay mogollón de mercenarios sueltos en la Gran Bretaña casi me impide saborear la segunda parte de la noticia, la más interesante, aquella en la que Straw sugiere utilizar a semejante panda de vividores armados en las misiones de paz que nos vayan cayendo.

Es necesario poseer un cerebro nivel cero para asimilar una revelación de este porte. Mas ello, como suelo decir, no es todo. Nunca lo es.

Acaba de saberse que el Pentágono posee una estrategia para 'conquistar los corazones y las mentes de la opinión pública internacional', incluidos los míos, supongo, modestia aparte, 'utilizando todas las herramientas de la propaganda, incluso la fabricación de mentiras'. Me sorprende el ardid, porque mi posición ante el Imperio es la habitual: estoica y abierta a cualquier cosa, más o menos como la Unión Europea cuando EE UU le veta su pequeña ocurrencia sobre el conflicto árabe-israelí. Por eso, como que me ofendo. ¿Es posible que el Pentágono aún no sepa que nos tiene conquistados por completo? ¿Acaso no leen allí nuestros periódicos?

Personalmente, estoy dispuesta a tragarme lo que sea, y sin cobrar, como hace la mayoría silenciosa. Sólo necesito que me operen. Gratis total o concertado. Lobotomía, ya, para las poblaciones. Es más rápido. Y muy limpio.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 21 de febrero de 2002