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Sanidad extremará sus controles sobre todos los productos con 'cannabis'

Los dulces siguen vendiéndose en la región

La Consejería de Sanidad admitió ayer que no puede prohibir la venta de productos hechos con cannabis si no contienen altas dosis de tetrahidrocannabinol (THC), la sustancia detectada en 380 piruletas requisadas en El Escorial y Madrid. El vacío legal existente -no está fijado el límite máximo de THC que puede contener un alimento- obligará a Sanidad a analizar 'caso por caso' la composición de estos productos, que se venden en 30 tiendas de Madrid.

Sólo en el caso de que los responsables sanitarios consideren que 'la cantidad de tetrahidrocannabinol de un caramelo o cualquier otro producto puede afectar a los consumidores', la Dirección General de Sanidad Pública intervendrá para retirarlos del mercado, según Manuel Cepedano, jefe del servicio de Seguridad Alimentaria de la Consejería de Sanidad. Las 380 piruletas requisadas por Sanidad el pasado diciembre contenían, según el Instituto Nacional de Toxicología, 100 microgramos de THC, una cantidad 'pequeña, pero suficiente para adormecer a un niño', según José Cabrera, jefe del servicio de Información de Toxicología.

Sin embargo, este diario no pudo conseguir ayer que ninguna autoridad sanitaria estableciera una cantidad de THC a partir de la cual esa sustancia afecte a las personas. España, como el resto de países de la Unión Europea, no ha establecido esta cantidad, pese a que la Comisión Permanente de Alimentos de la UE recomendó en 1997 que los Estados miembros fijaran por ley los niveles máximos de THC en los alimentos. El tetrahidrocannabinol es el psicoactivo más potente de los cerca de 70 cannabinoides que contiene la marihuana. Su consumo no está penado en España, pero sí su venta o cultivo.

Sí está permitido, en cambio, el cultivo y la venta del cáñamo. Esta planta es idéntica a la marihuana, incluso en su sabor u olor. La única diferencia es que el cáñamo tiene cantidades muy pequeñas de cannabinoides, por lo que su uso se ha extendido en la elaboración de productos de alimentación, casi siempre importados de países como Alemania, Holanda o Suiza.

En Madrid hay unas 30 tiendas especializadas en la venta de productos relacionados con la marihuana, que ayer mantenían su actividad normal. Estos establecimientos venden papel de fumar, productos para el cultivo doméstico de la marihuana (tierra, jardineras y semillas), productos textiles y todo tipo de alimentos como chicles, caramelos, infusiones, cervezas y galletas.

Cantidades 'inapreciables'

'Nadie nos ha dicho nada, así que seguimos vendiendo las piruletas y todos los otros caramelos como lo hemos hecho los últimos años', explicó el propietario de una tienda situada en el centro de Madrid.

Los dueños de estas tiendas defienden que los caramelos están hechos con cáñamo. 'Estos caramelos tienen cantidades casi inapreciables de THC. Es como las cervezas sin alcohol, en las que es imposible eliminarlo totalmente. Un poco siempre queda, aunque sea una cantidad mínima, que nunca afectará a los consumidores', aseguró el encargado de otra tienda situada en Moncloa.

'Existe toda una cultura de la marihuana seguida por gente partidara de su legalización', subrayan los propietarios de los establecimientos. 'A esta gente le gusta comer alimentos hechos con marihuana, pero como su venta es ilegal sólo tienen dos opciones: o se los preparan en casa bajo su responsabilidad o compran productos hechos con cáñamo', explicó el propietario de la tienda. La palabra cannabis figura, junto a la característica hoja de la marihuana, en todos los envoltorios de los caramelos hechos con cáñamo.

También está muy extendido el uso del aceite de las semillas de cáñamo en la cosmética. 'Es un aceite excelente, que hidrata muy bien la piel y aporta muchos nutrientes', afirmó la propietaria de una perfumería en el distrito de Moncloa. La mujer mostró los productos hechos con cáñamo que vende en su tienda: loción de afeitar, cremas hidratantes, jabón, champú, suavizantes y desmaquilladores.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 6 de febrero de 2002