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Cascos retira su enmienda tras lograr que el Congreso del PP pueda limitar los mandatos

Francisco Álvarez Cascos logró ayer algo más que un triunfo simbólico. Sus enmiendas para limitar, ahora, los mandatos en la Presidencia del Gobierno no fueron aprobadas, pero sí consiguió que el asunto entre a formar parte de los estatutos para que se debata y regule en futuros congresos del partido. Cascos conmovió anoche con sus argumentos perfectamente planificados a un plenario abarrotado con más de 3.500 delegados de todas las ponencias. Apeló a los antecedentes pioneros del PP al abordar estas cuestiones, a su condición de "histórico" y al deseo del partido de ganar las elecciones generales de 2004 para que el ponente que debía rebatir sus tesis, el ministro de Justicia, Ángel Acebes, reconsiderase el rechazo inicial a sus ideas y le ofreciese postergar la cuestión de fondo para su resolución en otro congreso del partido. Hubo acuerdo.

El ministro conmueve a los compromisarios apelando a su condición de histórico del partido

El ministro de Fomento, ex secretario general del PP durante 11 años, empezó a hablar a las 22.50, a puerta cerrada para los medios de comunicación. Vista la polémica despertada, en la prensa y en el partido, Cascos se sintió en la obligación de explicar antes el sentido de su propuesta. Recordó que estos días se había intentado despachar sus verdaderas intenciones reprochándole su "condición de histórico del partido". Y replicó a ese adjetivo admitiendo su orgullo por haber estado incluso en la prefundación de Alianza Popular.

Luego construyó una frase que sonó a advertencia para los más jóvenes o recién llegados al PP: "Todos los que habéis ido llegando a nuestra organización en los últimos diez años habéis encontrado consolidada una organización, montadas unas sedes y abiertas unas oportunidades de participación que no siempre fueron tan acogedoras y tan confortables. Son precisamente obra de los históricos que hicieron su trabajo con generosidad y con entrega, mirando al futuro sin apenas compensaciones políticas o materiales. Somos un gran partido porque los históricos pusieron primero los cimientos, luego los pilares y finalmente las fachadas y el resto de los remates y las instalaciones modernas de nuestra organización".

Fue entonces, entre ovaciones que entrecortaban su discurso, que llevaba escrito en tres folios y que duró 15 minutos, diez más de los que tenía tasados, cuando se dedicó a desmontar las piezas del argumentario oficial que rechazaba sus planteamientos de limitación porque en las democracias modernas parlamentarias ese tipo de cuestiones no se legislan. Cascos rememoró lo sucedido en el congreso de 1993 con la incompatibilidad de cargos, en 1996 con la declaración de bienes y actividades, y en 1999 con los compromisos antitransfuguistas, para presumir de que el PP siempre había ido por delante de los demás en la construcción de su modelo de partido.

El ministro se llevó al ponente y a los delegados a su terreno cuando apuntó, en contra incluso de la literalidad de sus enmiendas, que él ahora también está en contra de limitar mandatos. Apuntó que en estos momentos era preferible dejar una norma flexible y abierta, pero no en manos de la Junta Directiva Nacional del PP, como está, sino del congreso del partido "sin límites ni restricciones". Una oferta que, según él, no obliga a nada "sino que lo permite todo".

Cascos se adentró así en el gran dilema que quería discutir en este congreso: "¿Es bueno o malo que los estatutos del partido recojan como valor colectivo algo que todos reconocemos como un gran valor ético personal de nuestro presidente?". La trampa estaba echada. El ministro rescató en ese punto sus antiguos dogmas sobre la importancia de los partidos por encima de los Gobiernos y retó a los compromisarios a dejarse llevar por su responsabilidad y no caer en lo fácil y someterse a la disciplina de un partido "fuertemente cohesionado". Y acabó: "Os pido que votéis mis enmiendas no pensando sólo en ganar o perder la ponencia de Estatutos, sino pensando sobre todo en ganar las próximas elecciones generales". Estruendo de aplausos.

El ministro Acebes, que trabajó a las órdenes de Cascos en el PP como coordinador general tres años, modificó su estrategia sobre la marcha. En un tono respetuoso, cariñoso y pleno de gratitudes hacia Cascos, le reconoció todos sus méritos del pasado, aunque consideró imposible imponer ahora la limitación de mandatos y menos para un solo puesto como la Presidencia del Gobierno. Sí dijo alegrarse de la segunda reflexión, es decir, del poder de los congresos para discutir todos estos puntos tan básicos. Y ofreció a Cascos una transacción y una salida digna y más airosa que la previsible derrota a la que estaba supuestamente condenado.

El ministro de Justicia se limitó a conceder que en el futuro "los congresos podrán atribuirse, en su caso, cualquier reforma sobre la duración de mandatos de los cargos públicos". Y resaltó que esa posición intermedia permitía servir de ejemplo de la unidad y pluralidad vigentes en el PP para seguir ganando elecciones.

Cascos acogió con satisfacción la mediación de Acebes, que había intentado en días anteriores varias veces sin éxito. Subrayó que "a partir de ahora será estatutario algo que se consideraba extraestatutario". Y aprovechó para señalar que algunos en su propio partido habían intentado minusvalorar su aportación.

No hubo votación de la enmienda de Cascos ni de la transacción de Acebes porque el plenario entero se levantó para aclamar una solución ambigua que deja abiertas muchas incógnitas. ¿Habrá congresos extraordinarios antes de que se concrete la sucesión de Aznar? ¿Qué resolverá el próximo congreso, en enero de 2004?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 26 de enero de 2002