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El simbolismo de Félicien Rops, en 90 obras crudas y provocadoras

La Fundación Carlos de Amberes expone al pintor belga del siglo XIX

El artista Félicien Rops (Namur, 1833; Corbeil-Essones, 1898), precursor del simbolismo y de la modernidad en Bélgica, ocupa desde mañana las salas de la Fundación Carlos de Amberes, de Madrid. La exposición Félicien Rops. Un simbolista transgresor reúne 90 pinturas, dibujos y grabados en un montaje donde se advierte de la crudeza de algunas de las imágenes, sobre todo eróticas.

La primera monográfica en España de Félicien Rops, un nombre que figura en la historia del simbolismo con su Pornokratés (pornocracia), acaba de tener una primera visita en la sala municipal de las Atarazanas, de Valencia, que en el montaje de la Fundación Carlos de Amberes y el Ministerio de Educación y Cultura ha aumentado hasta el centenar de obras del artista.

El montaje, por falta de espacio, se ha definido en 90 piezas que destacan el trabajo de Rops como ilustrador y dibujante. El artista se expresa en dibujos, acuarelas, aguadas, pasteles, pinturas (hay unas vistas de Sevilla y Toledo, de su viaje de 1880), litografías, aguatintas, aguafuertes, puntas secas, barnices blandos y heliograbados. Su nombre va unido, desde 1886, al del grabador Armand Rassenfosse en la investigación de nuevas técnicas de grabado y en el invento de un barniz blando transparente, llamado Ropsenfosse. Las obras, que se podrán visitar hasta el 24 de febrero, proceden del museo Rops de Namur (Bélgica) y de coleccionistas públicos y privados, sobre todo de la familia Babut du Marès.

Precursor

'Rops es un precursor del simbolismo y de la modernidad en Bélgica', declaró ayer Carlos Reyero, catedrático de historia del arte en la Universidad Autónoma de Madrid, experto en el siglo XIX y comisario de la exposición, junto con Bernadette Bonnier, directora del Museo Rops. 'Sus personajes están unidos a la cultura del siglo XIX y una sociedad obsesionada por el sexo, la mujer y el mal demoniaco, que el artista fantasea en su obra. Ofrece imágenes crudas, que sacan a la luz lo que la sociedad ha demonizado. No es un pintor de masas. Su imaginación y sus temas son excepcionales y se mueve en los círculo exquisitos de París'.

El montaje sigue un recorrido cronológico, con unas primeras obras de un 'realismo caricaturesco y sórdido'. En 1854, Rops funda un semanario satírico, donde se da a conocer con unas caricaturas cercanas a Daumier y Gavarni, para pasar después a la ilustración de libros. El encuentro con Baudelaire, en 1864, y el editor Auguste Poulet-Malassis provoca su entrada en el mismo 'espacio del sueño baudelariano', con temas de belleza macabra, despojos y esqueletos. París, donde se instala con las hermanas Aurélie y Léontine Duluc en 1874, es el descubrimiento de la mujer, del tema de la mujer y el pelele y el desnudo.

Las últimas zonas de la exposición se dedican a las fantasías lujuriosas y al imaginario decadente, con la creación de obras maestras, como La tentación de san Antonio y Pornokratès, que se exhibe en diferentes pruebas de grabado en color. La pintura realista y psicológica de la prostitución se convierte ahora en una visión alegórica, y al mismo tiempo irónica, de la influencia del sexo en la sociedad.

'Rops es un transgresor intelectual pero no como artista', asegura Carlos Reyero, al señalar su estilo mezcla de tardorrealismo y simbolismo, 'con un dibujo muy firme, académico, pero sin los recursos plásticos de la vanguardia'. El Grupo de los XX -se hizo una exposición en la Fundación Mapfre de Madrid, con alguna obra de Rops- le incluyó en la vanguardia belga.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 15 de enero de 2002