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Reportaje:

Los nuevos modos del BBVA

La presidencia de Francisco González introduce un modelo presidencial en un banco con delicados equilibrios profesionales

La sorprendente y acelerada transición en el Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) tomó por sorpresa a una parte del staff profesional del banco, a los inversores y a los analistas políticos y económicos. Una sorpresa de evidente magnitud. El lunes pasado, 17 de diciembre, Emilio Ybarra presentaba su dimisión a la Comisión Delegada del banco y el martes ratificaba su decisión de dimitir, junto con Pedro Luis Uriarte, vicepresidente y consejero delgado, en el Consejo de la entidad financiera. Esta renuncia significaba un adelanto importante sobre los planes establecidos en el protocolo de fusión (1999). Emilio Ybarra debía abandonar la presidencia del banco en marzo de 2002 y seguir en el consejo del BBVA hasta el ejercicio 2007; Pedro Luis Uriarte podía continuar como consejero hasta el año 2009.

El nuevo equipo del banco pretende explicar en un 'road show' las líneas estratégicas de la entidad financiera el próximo mes de enero

Nada de eso sucederá ya. Francisco González asumió la presidencia única del BBVA, reservándose plenos poderes sobre estrategia y negocio mediante el control directo de la nueva comisión ejecutiva, en la que habrá 12 miembros. José Ignacio Goirigolzarri será el consejero delegado del BBVA en la etapa de González como presidente único.

¿Quiebra o discontinuidad?

La explicación oficial del adelanto es que Ybarra y Uriarte pretendían evitar 'la quiebra en la gestión', de forma que pareció más conveniente -en el último minuto, al parecer- permitir a Francisco González que iniciara su mandato en solitario con un ejercicio entero, el del año 2002. Los inversores no han aceptado plenamente tal interpretación. Existen varias razones para ponerla en duda. Una de ellas, quizá la más evidente, es que pocos días antes del relevo anticipado, se negaba oficialmente tal adelanto, precisamente en razón de que era más fácil cumplir los plazos que romperlos.

En un ámbito tan ritualizado como el bancario, los gestos que rompen la ceremonia deben estudiarse con atención. Las hipótesis para interpretar el último gesto de Ybarra y Uriarte insisten casi todas en la difícil relación entre Francisco González y Pedro Luis Uriarte -considera-do por muchos como el directivo bancario de más conocimiento y prestigio de los bancos europeos- y en algunas discrepancias internas muy serias en torno a quien debería ser el sustituto del consejero delegado a partir de marzo del año próximo.

Sea como fuere tal explicación y lo que de ella se conozca en el futuro, el BBVA de González y Goirigolzarri se enfrenta a algunas incógnitas estratégicas. La más técnica y notoria es el rumbo del banco en Latinoamérica, a tenor de los recientes acontecimientos en Argentina. Del cambio organizativo se derivan otras, que no tienen por qué ser traumáticas a corto plazo, pero que los analistas consideran con atención.

El BBVA es una institución financiera cuya política de negocio se ha basado en un cuidadoso equilibro entre la presidencia y la gestión, la estrategia y el día a día. El presidente era un poder reconocido por el Consejo y el consejero delegado el poder reconocido por los profesionales. Los directores generales veían a Uriarte como su representante natural y confiaban en él como una especie de escudo de protección frente a las asechanzas políticas (que en el caso del Gobierno del PP han sido varias e intensas). Ese modelo ya no existe. El poder de decisión está en una sóla línea (González-Goirigolzarri). Está por ver cómo funcionará el nuevo equilibrio -por ejemplo, la relación entre el presidente y el consejero delegado- y que beneficios y costes impondrá al banco.

Ajustes y fusiones

Sería inexacto suponer que los inversores se olvidan del riesgo de que el BBVA se convierta en un banco gubernamental. Pero, curiosamente, no dramatizan esa posibilidad. La idea más extendida es que el BBVA de Francisco González mantendrá formalmente el carácter vasco del banco, no tomará decisiones drásticas que politicen en exceso la línea profesional de la entidad e incluso que no escatimará, al menos en una primera etapa, gestos para tranquilizar al equipo directivo. Así puede entenderse, por ejemplo, la continuidad de Alfonso Basagoiti, bien relacionado con el nacionalismo vasco, en el departamento de Relaciones Instituticionales. En resumen, mientras llegan las primeras decisiones -o los primeros silencios-, probablemente plasmadas en un nuevo plan estratégico, la sensación es que el BBVA mejorará la relación con el Ejecutivo del PP, pero no se convertirá en el banco del PP.

Entre las decisiones estratégicas que se esperan con cierta expectación -está previsto un road show en el mes de enero- figuran la especulación insistente sobre la fusión con algún gran banco europeo, la continuación del proceso de renovación de los cargos directivos del banco. Existe un convencimiento general de que habrá nuevos cambios que continuarán el paquete de jubilaciones de directivos (hasta ahora se ha prejubilado a 17 directivos). Y, por supuesto, alguna decisión relevante sobre las inversiones del banco en Internet.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 23 de diciembre de 2001