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Crítica:

El mundo es lo que ves

El pintor y crítico británico Julian Bell analiza en su polémico ensayo ¿Qué es la pintura? la evolución de una disciplina artística marcada hoy por los dictámenes del mercado y cuya muerte ha sido vaticinada mil veces a lo largo de la historia.

¿Qué es el mundo? El mundo es lo que ves. Ellsworth Kelly lo definió así. Su pintura abstracta era para él una experiencia visual total. Sin embargo, ¿qué era para quien quisiera contemplarla? En el siglo XX, la expresión del artista se valoró por encima de la representación, y ese dato ha marcado la pintura hacia la progresiva postergación que vive hoy. ¿Ha muerto la pintura? El británico Julian Bell (1952) no es muy optimista. Tiene motivos: los que explica en las páginas de un libro didáctico y riguroso que analiza la idea de pintura desde los más variados puntos de vista -semiótico, político, científico...-, remontándose a las cavernas y adentrándose en el mercado que, para el nieto de Vanessa Bell, la hermna pintora de Virginia Woolf, la define hoy.

¿QUÉ ES LA PINTURA?

Julian Bell Traducción de Vicente Campos Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Madrid, 2001 300 páginas. 3.900 pesetas

A medio camino entre la historia y el ensayo, ¿Qué es la pintura? responde compleja, pero claramente, a una pregunta aparentemente simple. Para ilustrar la evolución de esta disciplina, Bell destaca algunas de las disputas más famosas de su evolución, como cuando en el siglo XVIII se introdujo vestuario contemporáneo en cuadros de tema heroico y los retratistas se debatieron entre 'hacer que la verdad que guía la pluma del historiador dirija el pincel del pintor' y seguir vistiendo los episodios históricos con togas romanas. Jacques-Louis David zanjó la discusión dibujando desnudos a los protagonistas de la Revolución Francesa. En esos días, y hasta casi un siglo después, la fidelidad histórica daba la medida del valor de una obra. Otra disputa, que desembocó en el cubismo y alteró para siempre el curso de la pintura, no fue para Bell más que una competición: la que mantuvieron Picasso y Braque cuando el primero culminó Las señoritas de Aviñón y el segundo respondió con su Gran desnudo. Picasso volvió a responder y así avanzaron en 'una ascensión a la montaña con cuerda en equipo', como lo describiría el malagueño.

El resto es conocido. Si para Matisse el arte debía ser sereno, equilibrado y sosegado 'como un buen sillón', la dinámica modernidad hará entrar en crisis la pintura estática. A partir de esa discrepancia de tiempos comienzan las dudas, y con ellas, las teorías. Tal vez a principios del siglo pasado el óleo fuera ya un modo anticuado de representar la experiencia. El constructivismo trató al pintor como a un ingeniero y a la pintura como un medio políticamente servil. En Estados Unidos, entre tanto, se valoró la pintura como prueba de una actividad creativa. Como apunta irónicamente Bell, 'Pollock parecía centrarse en las fotografías no de sus pinturas, sino de él pintando'. Sólo faltaba que llegara Joseph Beuys y aclarara que 'todo ser humano es un artista'. Eran los años sesenta y acababa de romperse para siempre la línea que separa el arte y la vida. Con lo bueno y lo malo de las desacralizaciones. Para Bell la situación es hoy irreversible: 'Un pintor tiene que ser extremadamente singular, como una estrella de rock'. En 1993, la Enciclopedia Británica corrigió su definición de pintura: 'La expresión de ideas y emociones en un lenguaje visual de dos dimensiones'. Hoy las pinturas se asocian más a quien las produce que a lo que representan, 'se les pone precio por la firma'.

Si la belleza era la mercancía que el arte ofrecía a la humanidad, un Bell nostálgico se pregunta por lo que ofrece el arte hoy. Y si durante el siglo XX, la expresión reemplazó a la representación pictórica, un Bell apocalíptico asegura que 'la expresión es una broma: ¿cómo puede una maraña de colores comunicar la memoria íntima que se deduce de un título como Cena en el Palazzo Albrizzi? Los golpes de color emocionan. Parecen prometer significado, aunque no significan nada'.

Habrá quien diga que el siglo XX hizo del arte una zona de libertad, sin embargo, este crítico de The Guardian sostiene que la historia de su pintura es el relato de una decadencia: el resultado de valorar las ideas por encima de la belleza en un campo en el que lo que se juzgaba era lo bello. Aunque el mundo no sea plano y las imágenes no lo sean todo, Julian Bell cree que las disputas filosóficas sobre la representación han arrinconado las imágenes, y sin imágenes, concluye, la pintura corre el riesgo de convertirse en un valor ficticio en el que las leyes del mercado sustituyan a las de la belleza. ¿Qué es la pintura? es, en fin, un libro muy valioso en lo que tiene de lúcido repaso a la evolución de un concepto movedizo y discutible en lo que tiene de ensayo sobre el que, junto a la de su título, flota una pregunta sin respuesta: ¿qué es la belleza?

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 22 de diciembre de 2001

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