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Crítica:

Los demás no son los otros

Ángel Gabilondo aborda el tema de la identidad y de la diferencia, asunto clave desde el punto de vista metafísico y que recorre toda la historia de la filosofía.

Me disculpo por no recordar qué escritor fue el que dijo aquello de que, cuando uno da con el título de la novela, luego el resto -o sea, la novela en cuanto tal- ya fluye solo, como un efecto inevitable y derivado de aquel fogonazo inicial. De los libros de filosofía tal vez pudiera afirmarse algo parecido, aunque con las modificaciones pertinentes. En este caso se diría que, cuando el autor tiene la idea -quiere decirse: una buena idea, una idea potente, digna de ser perseguida-, el libro va de suyo, termina estallando como resultado de la presión incontenible del pensar.

Pero no conviene ser exageradamente optimista a este respecto. Parece claro que de una buena idea no siempre se sigue un buen texto (de la misma manera que un buen título no siempre anuncia una buena novela). Entre ambos momentos se sitúa un tercero, rigurosamente insoslayable: el de la elaboración propiamente dicha del libro (entre otras razones porque, como decía uno de los miembros de Les Luthiers, 'a los libros, cuando no están escritos, parece como si les faltara algo'). Momento tan insoslayable como crucial, por cierto. Porque ahí es donde se echan a perder, se empantanan o, simplemente, se desdibujan muchos buenos proyectos. La suerte final dependerá en gran medida del modelo de desarrollo de la intuición inicial por el que se opte.

LA VUELTA DEL OTRO. DIFERENCIA, IDENTIDAD, ALTERIDAD

Ángel Gabilondo Trotta. Madrid, 2001 227 páginas. 2.100 pesetas

Lleva razón Ángel Gabilondo cuando señala que la proliferación de discursos sobre el otro que se viene produciendo en los últimos tiempos no siempre coincide con una auténtica atención a ese otro. Incluso podría llegar a sospecharse que en ocasiones el exceso de palabras dedicadas al otro constituye una manera entre perversa y oblicua de intentar silenciarlo. Tal vez: cabe la posibilidad de que la resonancia alcanzada por ciertas categorías -sin ir más lejos, las indicadas en el propio subtítulo de esta obra: identidad, diferencia o incluso la propia alteridad-, el hecho de que de ellas se hable, y mucho, en contextos teóricos muy alejados de aquellos en los que surgieron esté contaminando la discusión al sobrecargarla con connotaciones que perturban el originario sentido de los términos.

La vuelta del otro no cae en la fácil trampa de intentar traducir las cuestiones que pretende plantear a otros lenguajes (presuntamente más asequibles) o de proporcionar otros referentes (en apariencia más concretos). El problema que en este texto se aborda, el de la identidad y la diferencia, constituye un tema clave, de gran calado metafísico, que recorre toda la historia de la filosofía, de Parménides, Heráclito o Platón hasta nuestros días. El autor no oculta su preferencia por la interpretación que de la cosa han hecho pensadores como Derrida o Deleuze, pero con la clara conciencia de que dicha interpretación resulta fecunda cuando se le inscribe en el contexto filosófico señalizado por las propuestas de Hegel y de Heidegger. Buen conocedor de los autores sobre los que se vertebra su texto (no en vano es profesor de metafísica y pensamiento francés contemporáneo en la Universidad Autónoma de Madrid), Ángel Gabilondo ha escrito un libro denso y solvente, atravesado por una inocultable pasión por el pensamiento. Un libro contraindicado para quienes siguen un régimen de lecturas bajo en reflexión. Un libro, en fin, que está a la altura de su idea.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de diciembre de 2001

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