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Crónica:Segunda División

Un empate de manual

El Atlético y el Oviedo hacen tablas en un partido intenso, pero dominado por las tácticas

El Atlético y el Oviedo son dos equipos serios. Dos conjuntos equilibrados, atentos al dibujo, adiestrados en el arte de la geometría, fiados al buen orden defensivo de las cosas. Dos formaciones sólidas con un guión bien aprendido y dos apuntadores estrictos, Luis Aragonés y Enrique Marigil, en cada banquillo para que nadie se salte ni una coma. Veintidós jugadores y un manual que predica la presión y el continuo bascular de lado a lado persiguiendo la pelota con diez en campo propio. El resultado, el lógico. Un empate aburrido con detalles tácticos; jugado con intensidad, pero sin un detalle luminoso.

Entre otras razones, porque en el campo había pocas luminarias. Quizá Fernando Torres, por parte rojiblanca, introdujo algún momento de intriga al argumento de las obligadas tablas. Quizá Jaime, por el Oviedo, buscó con más talento la sorpresa por su banda, la izquierda. Muchos buenos futbolistas de equipo y pocos dinamiteros anarquistas para volar en pedazos un empate anunciado desde el pitido inicial.

ATLÉTICO 0| OVIEDO 0

Atlético de Madrid: Burgos; Armando, Santi, García Calvo, Carreras; Aguilera, Nagore, Movilla, Stankovic (Luque, m. 52); Fernando Torres (Dani, m. 57) y Diego Alonso (Roberto, m. 60). Oviedo: Esteban; Ángel, Onopko, Óscar Álvarez, Gurrutxaga; Boris; Geni, Jaime, Óscar Pérez (Pablo Díaz, m. 92), Rubén Reyes (Santamaría, m. 78); y Oli. Árbitro: Tristante Oliva. Amonestó a Armando, Carreras, Geni, Boris, Gurrutxaga y Óscar Álvarez. Unos 54.000 espectadores en el estadio Calderón.

El primer periodo dejó una buena ocasión de Oli, el veterano oportunista del Oviedo, que a los cinco minutos se quedó solo frente a Burgos. Falló y la pelota volvió al centro del campo para transitar -eso sí, con mucho orden- rutinariamente hasta casi el minuto 45. Casi, porque a cuatro de la conclusión de la primera parte, Stankovic lanzó una falta con intención a ese ángulo criminal para los porteros. Pero Esteban consiguió atajar el balón.

El segundo tiempo trajo el carrusel de cambios en el Atlético por el que los dos hombres más adelantados, Torres y Diego Alonso, dejaban sus puestos a Dani y Roberto. El portugués se enredó en acciones individuales y Roberto no tocó apenas la bola. Sin embargo, la reanudación parecía que iba a traer algo más de velocidad al estático ataque rojiblanco. Luque, que entró por Stankovic, tuvo una magnífica ocasión, pero falló a pocos metros de la portería lanzando el balón fuera. El sevillano aportó su bullicio, en esta ocasión aliado con Dani, pero su alboroto sólo se tradujo en un par de saques de esquina.

El Oviedo, a esas alturas de partido, ya había decidido que sacar un punto del estadio Calderón no era cosa despreciable y que se consiga todos los días y se afanó aún más en cerrar espacios y correr detrás de la pelota. En el manual del Atlético tampoco había ningún punto que hablase de improvisación. Así que los dos dieron por buenas las tablas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 10 de diciembre de 2001