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La 'concordata' del dictador

La religión es desde hace cuatro años una asignatura optativa. Para ello, las escuelas públicas tienen que presentar un programa de estudios homologado por el Ministerio de Educación. La clase se imparte siempre al final del horario de estudios para no dejar un espacio en blanco a aquellos que no reclamaron esa asignatura, informa Isabel Antunes, directora adjunta de educación básica. Actualmente hay clases de educación católica en prácticamente todas las escuelas públicas y existen también aulas de confesiones evangélicas y bahaí.

El padre Albertino Silva, responsable de la Enseñanza Moral Católica en la Conferencia Episcopal, asegura que la demanda de esta asignatura en primaria alcanza el 80% de los estudiantes, mientras en el segundo ciclo (de 5 a 9 años) baja al 50%. Un congreso de profesores de religión católica reconocía que, a partir de la enseñanza secundaria, los índices se reducen hasta un 11%. Silva dice que la enseñanza católica al final de los horarios normales constituye una 'discriminación' y los prelados han presentado queja ante el Gobierno.

Durante la dictadura de Salazar, la enseñanza católica era prácticamente obligatoria. La Concordata de 1940 aún está vigente, aunque ya no es preceptiva por anticonstitucional y el Gobierno negocia su revisión con la Iglesia católica.

Tras la revolución de los claveles de abril de 1974 era obligatorio escoger entre la educación moral y religiosa (católica o de otras confesiones) o el desarrollo personal y social, una disciplina de educación cívica. Pero esta asignatura era puramente virtual: muy pocas escuelas la ofrecían y se convertía en un agujero en el horario de clases. Eso provocaba que muchos padres enviasen a sus hijos a la religiosa para tenerles ocupados.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001