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Laicidad total con algunas facilidades

Sesenta profesores de un liceo católico de Lyón protestaron en junio pasado por la designación de un responsable de catequesis conocido por encadenarse al quirófano de la Cruz Roja donde se practican interrupciones del embarazo. Este incidente se suma a otro más reciente en Marsella, donde una escuela judía ha sufrido un sospechoso incendio. Tales hechos pueden hacer pensar que la paz religiosa no es completa en las aulas francesas, pero los incidentes son muy aislados y el sistema funciona sin grandes tensiones, sobre la base del principio de la laicidad.

No se aprecia un militantismo laicista en Francia, sino una laicidad neutra, que asume con naturalidad la libertad de conciencia. No se enseña religión en los centros públicos, ni se aceptan simbologías confesionales en sus recintos; pero se respetan los centros privados que deseen añadir la religión al programa oficial de educación. Ese respeto no es meramente moral, ya que incluye el pago de los profesores para las materias del programa oficial, en virtud de lo que se llama 'contrato con el Estado'.

Actualmente hay 12,6 millones de alumnos en los niveles primario y secundario, de los cuales más del 80% están escolarizados en centros públicos. La República no paga profesores de religión en ningún nivel, salvo en los cursos universitarios vinculados a esas materias.

El resto de los estudiantes -menos de una quinta parte del total- asiste a los centros privados. La proporción de establecimientos católicos supera el 90% y en ellos estudian casi dos millones de alumnos. La apertura de un centro nuevo exige el acuerdo del prefecto en la zona correspondiente, y los establecimientos están obligados a respetar las normas estatales sobre horarios y programas. Las familias aportan parte de los gastos de enseñanza de sus hijos y el Estado cubre otra parte.

Que no haya religión en los centros públicos no condena a sus alumnos a la ignorancia religiosa: el Estado facilita que puedan formarse espiritualmente en sus parroquias, mezquitas o sinagogas. Así, los miércoles no hay clases en la mayoría de los centros de Francia, teóricamente para hacer hueco a esas enseñanzas religiosas 'en privado'. Precisamente, una de las polémicas del momento procede de un proyecto del ministro de Educación, Jack Lang, para suprimir la jornada escolar del sábado y trasladarla al miércoles.

En los últimos meses surgen voces que proponen introducir una enseñanza histórica de las religiones, y en particular del islam, en el espacio laico francés. Ya hubo en 1996 un proyecto para establecer una disciplina concreta, pero la propuesta no prosperó. El Vaticano exige nombrar a los profesores, y se supone que los imames islámicos desearían lo mismo, lo que es muy difícil de aceptar bajo la bandera de la Francia republicana y laica.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001