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Reportaje:

'Inmigrantes' con plumas

Miles de aves que huyen del frío atraviesan cada otoño el cielo de Barcelona en su viaje hacia el sur

En el campo, el paso de las aves migratorias forma parte del normal transcurrir del tiempo. Las ciudades, sin embargo, parecen vivir al margen, como si la naturaleza las esquivara. Pero no es así. Durante estos meses otoñales, miles de aves cruzarán el cielo de Barcelona en su migración anual rumbo al sur.

Muchas de estas aves se paran ocasionalmente en los espacios urbanos y algunas se detienen para pasar el invierno en los parques, jardines, terrados y patios urbanos. La ciudad se llena de vida, y se propician encuentros casuales con insólitos recién llegados que medrarán por un tiempo entre parterres, azoteas y geranios.

Años atrás, la plaza de Catalunya se llenaba en otoño de espectaculares acrobacias aéreas. Bandadas de vocingleros estorninos volaban al unísono en grupos cerrados, girando de repente como un solo animal con extraordinaria precisión, dando vueltas y vueltas hasta posarse en las grandes encinas que les servían de dormidero. El espectáculo se repetía cada otoño e invierno y ayudaba a visualizar la irrupción de aves llegadas del norte que se quedan una temporada para pasar los meses fríos en estas latitudes.

Ahora no siempre resulta tan fácil observar a los estorninos, puesto que son muy móviles y pueden escoger fácilmente otros lugares donde dormir. Pero, en todo caso, la ciudad se sigue llenando de aves que se reparten por todas partes. El edificio del Corte Inglés de la plaza de Francesc Macià, por ejemplo, es un importante centro de invernada de centenares de lavanderas, unos pajarillos que agitan constantemente su cola y que se reunen al crepúsculo para dormir en los geométricos motivos decorativos de la fachada.

Menos gregario, el colirrojo tizón es un pajarillo que aparece en los meses fríos y es fácil observar su presencia en los parques y en las azoteas mostrando su plumaje oscuro y su larga cola rojiza, saltando entre las macetas a la caza de alguna semilla o algún pequeño insecto. Y cuando las olas de frío atenazan el centro de Europa, millares de vistosas avefrías cruzan el Pirineo y se reparten por todas partes, incluyendo cualquier descampado o terraplén.

La lista de especies migratorias e hibernantes que podemos sorprender en Barcelona y sus alrededores por estas épocas se alarga considerablemente e incluye a papamoscas, mosquiteros, currucas y un sinfín de pajarillos. Uno de los más conspicuos es el petirrojo, un ave muy confiada que en invierno suele dejarse ver en los parques. Pero también aparecen aves más grandes, y cada año se avistan desde Collserola miles de rapaces que siguen la costa hacia el sur.

Milanos, halcones abejeros, águilas culebreras, ratoneros y otras especies pasan sobre los tejados de laciudad sin que, generalmente, nadie las advierta. Y no es que haya pocas: en septiembre y octubre de 1999 se avistaron 2.614 rapaces desde los observatorios del Tibidabo.

Pero es en las afueras de la ciudad donde las posibilidades de observación son mayores. En el delta del Llobregat es fácil observar grullas, cigüeñas (incluso la rara cigüeña negra) o flamencos estampando su silueta cerca del trasiego de los aviones y del incesante tráfico de la autovía.

Ahora mismo, y desde hace unas semanas, hay tres ejemplares de águila pescadora estacionados en este espacio natural, y se las puede observar fácilmente pescando en la laguna del Remolar. Tampoco el puerto de Barcelona se queda atrás y en sus alrededores se han podido observar alcas o colimbos, y la presencia de alcatraces es habitual en invierno, sobre todo hacia mar abierto.

En otoño merece pues la pena abrir bien los ojos y considerar la posibilidad de encontrar lo inesperado al salir al balcón, al patio o al jardín, o al realizar el paseo dominical. Ventajas de estar situados en una de las principales rutas migratorias de aves de Europa.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 5 de noviembre de 2001