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Reportaje:

Vicálvaro, cinco décadas de anexión a Madrid

El distrito más oriental de la ciudad reflexiona, entre pareceres agridulces, sobre su forzada inserción metropolitana

Hoy 20 de octubre, Vicálvaro, el más oriental de los 21 distritos municipales madrileños, conmemora los 50 años de su anexión a Madrid. Con otros 13 pueblos del contorno metropolitano, Vicálvaro se integró en 1951 en el municipio unificado tras una decisión unilateral de la Administración central franquista. Tal medida comenzó a gestarse en los años treinta del siglo XX e incluía, en principio, un referéndum vecinal. Pero la consulta nunca llegaría a ser convocada. La anexión se hizo a la fuerza. Por ello, hoy en Vicálvaro queda margen para la evocación de un pasado visto por algunos con nostalgia y por otros con alivio.

No obstante, la anexión fue recibida entonces con expectación. La posterior desatención municipal de Madrid hacia Vicálvaro, prolongada durante lustros, se encargaría de trocar aquel preludio en decepción. Durante décadas, Vicálvaro ha sido entre los distritos madrileños su Cenicienta: carece de hospitales y cuenta con el menor número de farmacias de toda la ciudad. Con una población estimada en 52.300 personas, que aumenta hasta un 26,55% desde hace un lustro, es el distrito donde más niños nacen y el de menor porcentaje de muertes. El paro daña a 12 de cada 100 trabajadores.

La reiterada mayoría de votantes de izquierda granjeó supuesta 'ojeriza' del PP al distrito

No obstante, algunos perciben su actualidad saludada hoy por la brisa de cierta bonanza. 'Al fin nos ha tocado a nosotros una buena racha', comenta sonriente Ricardo Jiménez, impresor nacido en Vallecas bien que amante de Vicálvaro, de cuya pujante Asociación de Investigación Histórica Vicus Albus, presidida por el extremeño Valentín González, forma parte entusiasta. La instalación en Vicálvaro de un campus de la Universidad Rey Juan Carlos, con una presencia estudiantil de 2.475 alumnos, ha sido acicate complementario para este desarrollo del distrito, subraya González. Algunas mejoras en infraestructuras, propiciadas por demandas vecinales, son hoy evidentes. Sin embargo, en 1999, según denunció Isabel Vilallonga, del PSOE-Nueva Izquierda, el equipo municipal del PP dejó de invertir allí más de 1.800 millones de pesetas.

Desde la instauración de la democracia, Vicálvaro suele votar más a la izquierda, PSOE e IU (la coalición registra aquí sus mayores porcentajes de sufragio), lo cual explicaría cierta ojeriza política del PP hacia el distrito, según pusieron de manifiesto algunos vecinos en un debate público celebrado el pasado jueves en el Centro Cultural El Madroño. Asistieron los historiadores madrileñistas Luis Miguel Aparisi y José del Corral, además del sociólogo Antonio García y el propio Valentín González.

La discusión hizo aflorar el deseo de autonomía acariciado por muchos vicalvareños para su Junta Municipal de Distrito, a la que atribuyen escasas competencias. 'Empadronamientos y poco más', señalan.'Cualquier asunto de enjundia nos obliga a desplazarnos hasta Gerencia Municipal de Urbanismo o a la plaza de la Villa', se queja Manuel, otro vecino. Por su parte, Carmen Torralba, concejala-presidenta de la Junta Municipal de Vicálvaro, se mostró enfadada con esas opiniones. 'Ya sé por dónde vais', espetó al público que, durante el coloquio, exigía más peso para la junta. Y refutó la crítica de que la inversión municipal para Vicálvaro sea baja. 'Es la inversión por habitante más alta de la ciudad', pregonó ufana.

Para Ricardo Jiménez, 'los tiempos buenos han llegado aquí de la mano del metro, pero todavía queda mucho por hacer', a la vez que recuerda que hace décadas la gente conocía este distrito bajo el sarcasmo de Vicalbarro. Jiménez es miembro de la asociación Vicus Albus, involucrada desde 1982 en reconstruir la propia historia de Vicálvaro, cuyo Ayuntamiento, una gran casona, fue dinamitado en 1974 para hacer dependencias oficiales. Aquella voladura fue la metáfora del desdén administrativo central hacia la identidad de los 13 pueblos periféricos que, entre 1948 y 1954, fueron absorbidos por un centralismo 'muy difícil de combatir', reconoce el sociólogo Antonio García, autor de Proceso de anexión de los municipios limítrofes a Madrid, libro donde Vicálvaro es uno de sus 13 protagonistas. Madrid creció entonces desde 66 a 605 kilómetros cuadrados e incorporó 330.000 habitantes.

De todo ello podrá recibir cumplida cuenta el alcalde de Madrid, José María Álvarez del Manzano, si prospera su anuncio de asistir hoy a los actos del cincuentenario. Exposición histórica y debates sobre la anexión dibujan el mapa de celebraciones, un hito vital, luz y penumbra, del distrito oriental de Vicálvaro.

Desde el Vaticano hasta Las Ventas

Antes de su anexión por Madrid en octubre de 1951, el municipio de Vicálvaro, cuyo término lindaba con Las Ventas y su alcaldía se encontraba en la calle de Alcalá número 90, era un pueblo con personalidad e historia propias. El hoy distrito municipal es conocido por haber sido escenario en 1854 de la asonada denominada la Vicalvarada. En ella, los generales O'Donnell y Dulce se levantaron contra el Gobierno de Isabel II y sus tropas se enfrentaron en Vicálvaro. El triunfo de los sublevados permitió formar Gobierno a otro general, Espartero, que había sido regente y gozaba de fama de liberal. El antiguo municipio incluía el actual Pueblo Nuevo y el cementerio del Este, entre otros predios. Como concejo, de él se tenía memoria desde 1352. Así lo averiguó un vicalvareño en los archivos del Vaticano, donde halló documentos que acreditan los diezmos que pagaba a la Iglesia. Éstas y otras credenciales enjundiosas permanecen atesoradas en un prieto local - germen del aún inalcanzado museo etnográfico - del que dispone la Asociación Vicus Albus. Rige el museo un colectivo que indaga sobre los orígenes de Vicálvaro y las costumbres de sus pobladores, apodados ahumados. Tiene más de 150 miembros, que abonan cada uno cuarenta duros de cuota. Decenas de iniciativas han partido de este colectivo ciudadano, entre otras la restauración de la iglesia parroquial y el retablo de Santa María la Antigua; la de una barbacana renacentista; o la instalación de un nido de cigüeñas habitado desde 1996. La asociación, que dirige Valentín González, impulsó la reconstrucción de la ermita de la Soledad, amén del salvamento de valiosos códices. Casi todo ello ha sido logrado mediante colectas públicas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de octubre de 2001

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