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30 familias esperan desde julio que arreglen sus casas, destrozadas por una bomba

En el atentado de ETA murió un policía

El pasado día 10 de julio, ETA colocó un coche bomba cargado con 30 kilogramos de explosivos frente a un edificio del Ministerio de Justicia en la calle de Ocaña, en pleno barrio de Aluche. La bomba explotó a las ocho y media de la tarde, matando al agente del Cuerpo Nacional de Policía Luis Ortiz de la Rosa, de 33 años, e hirió levemente a 13 vecinos. También destrozó las viviendas de unas 60 familias. Más de tres meses después del atentado, 30 de ellas siguen sin poder vivir en sus casas, abiertas todavía de par en par y llenas de desperfectos. IU exige 'premura en las reparaciones'.

'El día del atentado y los siguientes llegaron el alcalde, José María Álvarez del Manzano, y el concejal de Latina, Antonio Moreno, [ambos del PP] y aseguraron que nuestras casas iban a estar arregladas lo antes posible, y que iban a quedar mejor que antes', explica Manuel Álvarez, uno de los vecinos afectados. La realidad ha sido distinta. Las obras comenzaron. Los obreros se presentaron. Aún trabajan ahí. Pero el ritmo es lentísimo. En agosto, relata este vecino, se celebró una reunión entre responsables del Ayuntamiento y residentes en la que los primeros aseguraron que las casas estarían terminadas 'antes de octubre'.

'Pero no hay manera humana de que en octubre se acabe esto', añade Álvarez. 'Esto' es su casa: 60 metros cuadrados, aún con todos los muebles apilados en dos cuartos, con escombros, con puertas sin colocar o ventanas sin terminar.

La casa de Álvarez, con todo, no es de las que peor se encuentra: en el piso bajo del número 127 de la calle de Ocaña, una vivienda presenta muchos más desperfectos: muros todavía sin acabar, techos con humedades... La puerta está abierta, como la de todas las viviendas, ya que los obreros entran y salen de un lugar a otro a todas horas.

Sin policía'Los primeros días había varios policías vigilando las casas. Después, se redujeron a uno. Ahora no hay nadie, y tenemos los muebles dentro, porque nadie nos ha pagado un guardamuebles, y las casas están abiertas, día y noche, porque no hay todavía ni puertas colocadas', se lamenta Dolores Díaz, esposa de Álvarez.

De las 30 familias, 13 aún viven en un hostal pagado por el Ayuntamiento. 'En el hostal estamos bien, nos tratan muy bien, pero estamos deseando volver a nuestras casas', señala Adelina Gómez, de 59 años. El resto está en casa de familiares. 'Nosotros, mi marido, mis dos hijas y yo, estamos viviendo en casa de mi suegra, en un piso muy pequeño: yo duermo en el sofá y una de mis hijas entre dos cojines', se lamentaba una vecina.

La mayoría de las familias acude todos los días a la calle de Ocaña a ver las obras. Se quejan del trato que reciben de los inspectores. 'El encargado es buena persona, pero los inspectores o responsables del Ayuntamiento nos tratan muy mal, no nos dejan que hagamos sugerencias, y si algo lo reparan mal, no lo arreglan', denuncia Álvarez.

Gerardo del Val, concejal de IU, aseguró ayer que su grupo 'exigirá al alcalde la premura y los medios necesarios como para que las obras acaben lo antes posible'. 'Nos tememos que para el PP existen víctimas del terrorismo de primera y de segunda. Con las de primera se les llena la boca. A las de segunda, no les hacen mucho caso', añade.

Fernando Macías, jefe del departamento de Protección a la Edificiación del Ayuntamiento, asegura que los vecinos 'tienen perfecto derecho a quejarse'. Pero añade: 'El Ayuntamiento no puede hacer milagros. Y las casas de la calle de Ocaña estaban destrozadas. Las paredes saltaron por los aires. Se han arreglado muros, paredes... Desde el primer día estamos trabajando ahí'. Macías señaló: 'Entendería que denunciasen la situación si el Ayuntamiento les hubiera dejado en la calle: pero todos los que han querido están alojados en un hostal, a costa del municipio'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 20 de octubre de 2001