La clave está en la rebelión

Más que en el apoyo a la Alianza del Norte, las alternativas para derrocar a los talibán pasan por las tribus pastún

La intención de Washington de proporcionar ayuda encubierta a las fuerzas de oposición en el interior de Afganistán con el objetivo de socavar el régimen talibán será crucial para mejorar las posibilidades de éxito en la campaña militar para destruir la red de Osama Bin Laden, según los líderes tribales y los comandantes de la oposición. Sin embargo, la división del régimen talibán dependerá menos del apoyo militar que Estados Unidos preste al Frente Unido (también conocido como Alianza del Norte) de la oposición, que actúa en el norte de Afganistán, que de provocar una rebelión entre las tribus pastunes del núcleo talibán en la zona sur de Afganistán, según indicaron figuras clave de la oposición.

Los pastunes son el 45% de la población afgana, y los talibán pertenecen a esa etnia
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Los jefes de los clanes y las tribus pastunes y antiguos comandantes muyahidin de la guerra contra el Ejército soviético en los años ochenta ahora intentan provocar deserciones entre las filas talibán del sur, y ganarse a los comandantes pastunes locales, que en el pasado apoyaron a los talibán, pero no comparten su ideología y les desagrada la presencia de Bin Laden y sus árabes. Muchas de estas figuras son leales al antiguo rey Zahir Shah, que la semana pasada constituyó un Consejo Supremo de todas las fuerzas antitalibán desde su exilio en Roma.

Aunque el Frente Unido, con unos 15.000 hombres, cuenta sobre todo con la lealtad de las minorías étnicas del norte de Kabul, tiene poca influencia entre los pastunes del sur, donde aún no ha aparecido la resistencia antitalibán. Se espera que la campaña militar estadounidense se centre en el sur, donde están afincados Bin Laden y los líderes talibán. Los pastunes representan aproximadamente el 45% de la población, de 22 millones, mientras que el resto está compuesto por tayikos, turkmenos, uzbekos y hazaras en el norte. Los talibán son un movimiento predominantemente pastún.

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'Cientos de talibán están enviando a sus familias al campo o a Pakistán y están listos para desertar en el momento en que el rey dé la orden de levantamiento nacional', dice Hamid Karzai, que vive en Quetta, en la provincia paquistaní de Beluchistán, cercana a la frontera afgana. Karzai, antiguo viceministro de Exteriores en el Gobierno muyahidin de Kabul que se formó tras la caída de los comunistas afganos en 1992, y miembro del consejo ejecutivo del proceso de paz del Loya Jirga, dice que 'el terreno pronto estará listo para un Loya Jirga dentro de Afganistán, con ayuda de los poderes internacionales, Naciones Unidas y la Organización de la Conferencia Islámica'.

El Loya Jirga es el Parlamento afgano tradicional, con 250 años de antigüedad, compuesto por líderes tribales y étnicos, y ahora muchos afganos lo consideran como la única autoridad legítima que podría nombrar un nuevo Gobierno y atraer un amplio apoyo de la gente, las facciones afganas antitalibán y la comunidad internacional. Zahir Shah lleva desde 1993 pidiendo la celebración de un Loya Jirga dentro de Afganistán. Aunque la Administración de Bush no ha apoyado públicamente el Loya Jirga, los diplomáticos occidentales afirman que es probable que Washington lo haga una vez que ha comenzado el ataque estadounidense. Richard Haas, jefe de Planificación Política del Departamento de Estado, se reunió con el rey en Roma el 4 de octubre. Zahir Shah lleva viviendo en Roma desde 1973, cuando fue expulsado durante el golpe de Estado de su primo Mohamed Daud, que estableció una república y se proclamó presidente. Zahir Shah subió al trono en 1933, después del asesinato de su padre, el rey Nadir Shah.

Karzai es más que un simple político. También es jefe de la tribu popalzai, que es parte de la división durrani de los pastunes. Entre los popalzai se han elegido los reyes de Afganistán desde 1747. Los pastunes están divididos en dos secciones: las tribus durrani, que viven en la zona sur y oeste de Afganistán, y las tribus ghilzai, que habitan la zona este en las provincias afganas limítrofes con Pakistán. Los líderes talibán proceden principalmente de las tribus durrani, al igual que los partidarios del rey. 'La clave está en conseguir el apoyo de todos los pastunes, pero especialmente de los durrani, para socavar el liderazgo talibán', afirma un líder tribal afgano de Quetta, que pidió que no se desvelara su identidad.

En su hogar de Quetta, muy vigilado, Kirzai se reúne cada día con hasta 50 jefes de clanes y tribus y oficiales talibán, que llegan secretamente desde la zona sur de Afganistán para expresar su lealtad al rey y para decir que están preparados para el levantamiento cuando el rey dé la señal. Para Karzai, que es pariente lejano del rey, el planteamiento de la tribu es la mejor forma de reunir el apoyo de los talibán.

En Peshawar, la puerta histórica a Afganistán para los paquistaníes, los comandantes ghilzai, que están a favor del rey, prueban a seguir un camino distinto. Abdul Haq fue un comandante ghilzai del frente de Kabul durante la guerra contra los soviéticos, y se hizo famoso en Washington y Londres por llevar a cabo espectaculares ataques de guerrilla contra las fuerzas soviéticas en el interior de Kabul durante los años ochenta. Fue herido 16 veces y perdió una pierna en un accidente con una mina. Tras la retirada soviética en 1989, Haq intentó formar una shura (consejo islámico) de comandantes, que pretendía hacerse fuerte en Kabul y establecer una fuerza de seguridad conjunta para evitar el derramamiento de sangre. Su plan fracasó, porque todas las facciones afganas quisieron apoderarse de Kabul, plantando con ello la semilla de la guerra civil que desde entonces continúa.

El objetivo principal de Haq sigue siendo evitar el derramamiento de sangre interno, que vendría después del estadounidense. 'Me estoy reuniendo con los comandantes talibán, con comandantes retirados y con los ancianos de las tribus y les estoy diciendo que la única forma de reducir al mínimo el derramamiento de sangre es unirse en una resistencia nacional dirigida por el rey contra los líderes talibán', dijo desde Peshawar. 'No es necesario que cambiemos a todos los talibán; los líderes deben irse, pero algunos talibán son buenas personas que podrían quedarse en una futura formación', añadió. Zahir Shah también ha declarado que el proceso del Loya Jirga dejará espacio para los talibán moderados que estén dispuestos a desertar. Muchos talibán apoyan secretamente el proceso del Loya Jirga, pero hasta ahora no han querido salir y enfrentarse a los partidarios de la línea más dura dirigida por el líder talibán, el mulá Mohamed Omar.

Haq no es un aristócrata tribal y, principalmente, lo que intenta es ganarse a sus antiguos camaradas y comandantes de la resistencia antisoviética, más que a los líderes de las tribus. Haq admite que le está resultando difícil porque la red de comandantes de los ochenta fue destruida por los talibán después de ocupar Kabul en 1996. Los talibán retiraron a muchos de los comandantes a sus pueblos. Aquellos a los que los talibán reclutaron, como el destacado comandante antisoviético Jalaluddin Haqqani, de la provincia de Khost, que ahora es ministro de Asuntos de Fronteras del Gobierno talibán, jamás fueron incluidos en el círculo talibán más íntimo y se están resentidos, por lo que constituyen el objetivo principal de los esfuerzos de Haq.

Los talibán consideran que estos esfuerzos del círculo pastún representan una gran amenaza y han intentado contrarrestarlos. El mulá Omar ha emitido mordaces retahílas contra el rey y ha dicho que lo colgará si intenta volver a Afganistán. '¿Cómo se atreve a creer que puede volver a Afganistán respaldado por Estados Unidos? ¿Cómo piensa gobernar el país? ¿Cómo se le puede ocurrir tal cosa?', dijo Omar en un programa de Radio Sharia de Kabul el 3 de octubre. Los talibán se han manifestado en las ciudades principales, como Kabul, Kandahar y Jalalabad, para denunciar al rey. El 1 de octubre, Radio Sharia anunció que 'los ancianos de las tribus o sus representantes serán incluidos en la maquinaria del gobierno de las provincias de Paktika, Paktia y Khost', en el intento talibán final por salvar el apoyo de las tribus ampliando la base de su gobierno.

La idea de una revuelta antitalibán en las tierras pastunes no es nueva. Karzai y otros líderes han estado construyendo discretamente una red antitalibán durante los últimos tres años. Dicen que estuvieron hablando con representantes estadounidenses el año pasado, pero Washington no estaba interesado en apoyarlos. Estados Unidos ha cambiado radicalmente de idea desde los ataques del 11 de septiembre. 'No hay duda de que hay una serie de personas en Afganistán, tribus en el sur, la Alianza del Norte en el norte, que se opone a los talibán', dijo Donald Rumsfeld, secretario de Defensa, a la NBC el 30 de septiembre. 'Tenemos que reconocer el valor que aportan a este esfuerzo antiterrorista, antitalibán y, cuando proceda, encontrar la forma de ayudarles', añadió.

Karzai también ha estado trabajando con Haq, que desde el año pasado recibe el apoyo del millonario agente de opciones Joseph J. Ritchie, de Chicago, y de su hermano James, que han intentado hacer presión para que el Congreso y el Departamento de Estado escucharan los planes de Haq para una revuelta antitalibán. Los hermanos Ritchie dicen que aquello que los motiva es su amor por Afganistán, que es donde crecieron y donde su padre daba clases de ingeniería civil en los años cincuenta.

No hay duda de que muchos destacados oficiales talibán ya están desertando o intentan escapar del país. Las fuentes afganas de Quetta dicen que el alcalde de Kandahar, un juez islámico y varios altos oficiales de la policía religiosa se han marchado de Kandahar y han llegado a Quetta con sus familias. Muchos ministros talibán de Kabul también han enviado a sus familias a Peshawar, según fuentes afganas. La tan temida policía religiosa ha desaparecido de las calles de Kabul. Se dice que muchos han huido por temor a las represalias de los airados civiles afganos a los que han acosado, encarcelado o golpeado en los últimos cinco años. También se está rompiendo la disciplina entre los soldados talibán de Kabul, que han robado en tiendas y hogares.

En el oeste del país, en torno a la ciudad de Herat, las tropas talibán han dejado desiertos los controles de la frontera con Irán, y algunos líderes de los clanes se han acercado al líder del Frente Unido, Ismail Khan, para intentar hacer un trato con él. En las provincias afganas que bordean Pakistán, los oficiales talibán locales han recibido presiones de agricultores y comerciantes para obligar a los combatientes árabes a marcharse, porque tienen miedo de los misiles estadounidenses. La presencia de los árabes también es perniciosa para el negocio, porque los comerciantes afganos hacen contrabando de madera y de productos de consumo entre Afganistán y Pakistán. Mientras tanto, entre las decenas de miles de refugiados que han llegado a las fronteras de Pakistán, hay jóvenes de Kabul que escapan del reclutamiento de los escuadrones terroristas talibán. 'Salen corriendo para no tener que luchar por los talibán', dice un afgano en Quetta. El mulá Omar ha cerrado todas las escuelas religiosas para incorporar a los estudiantes al Ejército, pero muchos de los niños han huido a la frontera con Pakistán.

Una vez iniciados los ataques militares, es probable que los talibán se dividan aún más, pero aún quedará un núcleo de resistencia de la línea dura talibán en el Ejército. Se espera que el Frente Unido haga avances militares en el norte, pero mientras no haya un levantamiento en el sur, los líderes talibán seguirán desafiantes. Recabar apoyos para ese levantamiento es el principal objetivo de los comandantes leales al rey y también de Estados Unidos.

Ahmed Rashid es periodista paquistaní.

Un niño afgano empuña un fusil en el interior de un barracón del aeropuerto de Bagram, a 30 kilómetros de Kabul.
Un niño afgano empuña un fusil en el interior de un barracón del aeropuerto de Bagram, a 30 kilómetros de Kabul.EPA

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