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REPORTAJE

El dolor fragmentado

Los equipos recogen 400 muestras de restos humanos cada día y al final tendrán un millón, pero la identificación tardará años

Los restos humanos hallados entre las humeantes ruinas del World Trade Center plantean formidables desafíos a las autoridades forenses, diplomáticas y religiosas. Los equipos de rescate están recuperando unos cuatrocientos restos humanos por día, y se calcula que, cuando la operación termine, se habrán localizado un millón.

Identificarlos podría llevar meses, quizás un año. Además de muestras de ADN tomadas de efectos personales de los desaparecidos como cepillos de dientes o peines, los patólogos han acumulado huellas dactilares, radiografías y archivos dentales de los desaparecidos. El plan es contrastar los restos humanos con dicha información. Hechas las comprobaciones, serán devueltos a las familias.

Según el rito judío, la viuda de un hombre cuya muerte no se ha confirmado no puede volver a casarse

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Al frente de la operación, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York, ha admitido que es posible que algunos fragmentos queden por siempre anónimos, o que muchas personas desaparecidas simplemente no se encuentren jamás, teniendo en cuenta que la explosión de los aviones provocó temperaturas de hasta 1.400 grados centígrados. 'Tenemos que aceptar que no vamos a lograr recuperar los cuerpos de todos los que han perecido'.

Otro de los desafíos es que los números concuerden. Los desaparecidos suman unos 6.400; los heridos, otros 6.400, la mayoría miembros de los equipos de rescate, y los oficialmente muertos, más de 230, de los que, a dos semanas de los ataques, únicamente la mitad han sido identificados.

Pero se calcula que, sólo en las Torres Gemelas, trabajaban unas 40.000 personas, sin contar con las decenas de miles de visitantes que pasaban por ellas todos los días. Aunque muchas se pusieron a salvo porque hubo un lapso de más de una hora entre el primer impacto y los derrumbes, 'los números no cuadran', dice un diplomático involucrado en las tareas de intendencia.

Ahora emerge la posibilidad de que algunos de los desaparecidos puedan no estar registrados por tratarse de trabajadores indocumentados, en su mayoría latinoamericanos, encargados de las tareas de mantenimiento del World Trade Center o del Windows on the World, el restaurante que estaba en el último piso de una de las Torres Gemelas.

Por ejemplo, la mitad de la veintena de empleados colombianos dados por muertos en los atentados eran ilegales, según María Eugenia Villa, cónsul de Comunicaciones de Colombia. 'Hemos hecho una campaña en radio y prensa, y en las vigilias, para que la gente no tenga temor de venir. Además se ha anunciado el incentivo de que también los ilegales pueden recibir 30.000 dólares al año. Hay gente que poco a poco está apareciendo. Los vecinos de una pareja que pereció fueron los que se encargaron de llamar'.

Otro problema que ha tenido el Consulado de Colombia es que las listas de desaparecidos de la Cruz Roja, de unos 300 colombianos, son mucho más extensas que las que maneja la oficina, que tiene registradas 23 personas, entre las confirmadas muertas, desaparecidas y casos dudosos. 'Los listados de la Cruz Roja tienen gente que vive en Nueva Jersey o en Queens que está viva pero que no se ha comunicado con su familia', dice Villa.

En el Consulado de la República Dominicana también se teme que haya indocumentados entre los desaparecidos sin registrar. 'Pero no tenemos cifras exactas, porque los familiares no han querido hablar. Lo sabemos por referencias de otras personas', dice Darío Abreu, del Departamento de Relaciones Públicas. El inventario de desaparecidos denunciados por familiares es de 45. 'Otra dificultad que hemos tenido es que en el listado de dominicanos de la Cruz Roja aparecían personas que no eran de nuestro país'.

Keila Rader, representante de la Cruz Roja en el Muelle 94, dice que 'me parece posible que haya muchas personas de las que nunca se dará parte por esa razón '. El Muelle 94 es donde se ha instalado el centro de asistencia familiar, que recoge información de las víctimas.

Otros colectivos plantean diferentes problemas. Es el caso de los 1.500 judíos que podrían haber perecido en los atentados, de acuerdo con fuentes oficiosas. Dadas las circunstancias, se habla de un funeral masivo, una ceremonia ecuménica que permita una despedida a los familiares y amigos de los fallecidos. Pero el rabino Benjamín Blech, especialista en estudios talmúdicos de la Escuela de Derecho Cardozo, piensa que, aunque algunos judíos participarían, 'los ortodoxos lo harán a su manera'. Y es precisamente esa manera la que presenta enormes dificultades.

'La mayor complejidad es el caso de los hombres casados que hayan podido morir, lo demás palidece en comparación con eso', explica Blech. La viuda de un hombre cuya muerte no se haya podido confirmar fehacientemente no puede realizar los ritos funerarios, llamados shiva, ni casarse. 'Por eso, los exámenes de ADN serán extremadamente significativos, ya que las pruebas de laboratorio están sujetas a errores humanos'.

La shiva requiere que el muerto sea enterrado de cuerpo entero, recién fallecido, y no permite la cremación. Cuando se encuentran restos mutilados, se realiza el duelo ritual de siete días y se entierra al muerto. Si más tarde se descubren más restos pertenecientes a la misma persona, se entierran en el mismo lugar. Y si hay certidumbre de que una persona ha muerto, pero no se ha encontrado su cuerpo, se celebran también los rituales funerarios. Pero, si no hay certeza absoluta, no se le da por muerta.

El rabino Blech dice que un tribunal religioso estudiará 'caso por caso' y aceptará algunas pruebas circunstanciales. Pero esto llevará mucho tiempo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 27 de septiembre de 2001