Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
REPORTAJE

'Llamó para decirme que me quería'

Los taxistas arrancan asientos para cargar cadáveres y algunos niños siguen sin ser recogidos del colegio por sus padres

Muchos son los testimonios del horror. La madre de Mark Bingham, un joven que viajaba a bordo de uno de los aviones estrellados relataba cómo su hijo la llamó por un teléfono del avión para decirle que la quería. "Ya sé que lo sabes pero te quiero", contaba la madre a una cadena norteamericana entre sollozos. "Él intuía lo que iba a pasar. Yo no hacía más que preguntarle que qué pasaba y el sólo me decía que me quería. Que tres hombres habían secuestrado el avión y llevaban una bomba". "Cuando le pregunté quiénes eran esos hombres sólo me dijo que me quería. Luego el teléfono se cortó".

Aterrador es también el relato de una mujer que ya sobrevivió al atentado sufrido en las Torres Gemelas en 1993. "Estaba en el piso 35 y oímos una explosión. No nos preocupamos porque abajo había obras. Hasta que nos dijeron que había que evacuar. Nos pedían calma y no correr. A la altura del piso 26 empezó a entrar agua y a saltar chispas. Cuando llegamos abajo llovían los cristales y no podíamos salir. Cuando lo hicimos el panorama era dantesco".

Otra mujer que vivió la tragedia dentro de una de las torres contaba cómo el caos era tal que había gente que huía hacia arriba y otros hacia abajo. "Al llegar al piso 1 las puertas estaban cerradas. No sé cómo finalmente logramos salir".

Pilar contó ayer a la Cadena SER cómo su hija, que trabajaba en el World Trade Center, logró salvar la vida corriendo los 55 pisos que separaban la vida de la muerte. "A los cinco minutos de abandonar el edificio se derrumbó la torre", contaba aliviada Pilar.

Abundaban ayer en Manhattan residentes del área que arrastran maletas, bolsas de basura, con lo mínimo para sobrevivir unos días. Mike Wolf sobrevivió de milagro. Vivía en un edificio a unos 200 metros de las Torres Gemelas. "Me disponía a ir al banco, en una de las torres, cuando se produjo el primer impacto. Cambié rápidamente de idea, salí del taxi y me fui a casa, aunque nunca sospeché lo que iba a ocurrir. Nunca he estado en la guerra, pero lo que he visto se debe de parecer bastante". Wolf oyó las explosiones y echó a correr junto con decenas de vecinos. "Perdí la conexión telefónica, mi hijo no supo si estaba vivo o no hasta el mediodía. Nosotros estuvimos en 1993 en el atentado. Esto es mil veces peor".

Larry Holloway, un mecánico que ha trabajado de voluntario en la zona del desastre durante toda la noche, asegura haber visto escenas terroríficas. Pero en medio del horror, hay historias de supervivencia, como una de los trabajadores de la torre sur del World Trade Center que sobrevivió a un salto de varios pisos. "Estaba en bastante buena condición física", bromea. Sin embargo, la ciudad parece resuelta a salir adelante. Miles de ciudadanos se ofrecen como voluntarios, los taxis arrancan sus asientos para transportar cadáveres y se forman colas para donar sangre, informa Emma Roig.

Pero el escalofriante silencio que se apodera de las calles vacías apunta a que la ciudad no volverá a ser la misma. Varias guarderías se mantuvieron abiertas debido a que algunos niños seguían sin ser recogidos por sus padres, que se temía que se encontraran entre las víctimas del atentado. La gente se aposta frente a los hospitales con las fotos de sus seres queridos por si alguien los ha visto vivos o muertos.

Las pancartas pidiendo oraciones por las víctimas y por América aparecen por la ciudad y de vez en cuando se ve a algún ciudadano solitario paseando por las calles desiertas levantando una bandera estadounidense. También hay muchos turistas desorientados. Los Pielz, de Baden-Baden, con cara de desolación y total abandono, arrastran unas maletas entre los escombros. "Estamos completamente perdidos, no hemos comido, no tenemos dinero, no sabemos dónde está nuestro hijo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de septiembre de 2001