Una enferma terminal británica reclama el derecho a morir y pide que se permita a su marido ayudarla

Una mujer británica afectada por una neuropatía degenerativa incurable que le ha dejado totalmente paralizada reclama ante la justicia del Reino Unido inmunidad legal para que su marido la ayude a morir. Inmovilizada, sin medios ni fuerzas para suicidarse, Dianne Pretty, de 47 años y madre de dos hijos, se ampara en la Convención Europea de Derechos Humanos en su demanda para que se le reconozca el derecho a morir con dignidad en el momento de su elección. La Sociedad de Eutanasia Voluntaria y el grupo Liberty sobre derechos civiles, además de la familia de la paciente, apoyan la petición.

La demanda se dirige contra el fiscal general del Estado, David Calvert-Smith, quien, en una decisión anunciada la semana pasada, no descartaba actuar judicialmente contra la persona que facilitara la muerte de Dianne Pretty. La mujer, a quien se diagnosticó en 1999 la enfermedad degenerativa, se acerca al ocaso de su vida. Su dolencia afecta al cuerpo, pero no a la mente. La paciente no puede moverse ni hablar. Logra comunicarse, al menos de momento, mediante el roce de un teclado informático.

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Sin perspectivas de mejora y con un futuro degradante en el horizonte, Pretty sólo desea morir. 'Según la ley vigente, nadie puede ayudar a morir a un enfermo terminal que, habiendo probado todas las terapias y medicinas, no pueda soportar seguir viviendo con la enfermedad. No me ha dicho que le ayude a morir, sino que quiere morir', dijo ayer su marido, Brian. Los dos hijos del matrimonio apoyan el deseo de su madre.

Dado lo avanzado de la enfermedad, incluso el suicidio está descartado para Dianne. Sus allegados aseguran que 'está físicamente incapacitada para quitarse la vida sin asistencia'. También reiteran que ella 'se siente muy segura' de la decisión tomada. Brian, con quien ha compartido 25 años de vida, está dispuesto a ayudarla a morir, en el momento que ella desee, pero con mínimas garantías de inmunidad contra posibles acciones criminales. La legislación actual prohíbe ayudar a morir a las personas. Equipara esta acción con un asesinato.

La petición judicial de Dianne se apoya en la Convención de Derechos Humanos, incorporada el año pasado en la legislación británica, y específicamente en los artículos 3 y 8 referentes al tratamiento inhumano y degradante de la persona y al respeto a la vida privada, respectivamente. Por su parte, las entidades opuestas a la eutanasia voluntaria temen que un fallo positivo a favor de la petición de Pretty siente precedentes y ejerza una presión indebida para que los enfermos terminales acaben con su vida.

El año pasado, un paciente con la misma enfermedad que la mujer obtuvo el derecho condicional a morir con asistencia. Se trataba de un adolescente de 19 años, que logró permiso judicial para morir en cuanto ya no pudo comunicarse con el exterior.

* Este artículo apareció en la edición impresa del lunes, 20 de agosto de 2001.

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