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REPORTAJE

¿Faltan policías en el área metropolitana?

Las administraciones discrepan en las medidas que adoptar hasta que se desplieguen los Mossos

Barcelona
Las plantillas del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil de Barcelona y su área metropolitana no se amplían desde hace una década. En ese tiempo, la delincuencia habitual, que es la que más percibe el ciudadano, ha evolucionado hacia nuevas formas que muchas veces se benefician de los vacíos de la ley para quedar impune. Los alcaldes afectados alertan del clima de inseguridad que se vive en sus ciudades y piden más agentes para evitar que la situación se degrade en los próximos años, hasta que se desplieguen los Mossos d'Esquadra. El Ministerio del Interior opina que la Guardia Urbana puede ayudar a mejorar esa situación y la Generalitat considera que la situación no es tan grave.

Hace 10 años había en Barcelona 3.007 policías destinados a la seguridad ciudadana y el orden público y otros 941 agentes en las 10 poblaciones limítrofes del área metropolitana. Pasaron los Juegos Olímpicos y el número de agentes fue disminuyendo año tras año y así se esfumó el modelo Barcelona, una referencia para otras ciudades en seguridad ciudadana. Las cifras oficiales del año pasado constatan que los efectivos policiales se han reducido a 2.245 policías en Barcelona y 823 en su conurbación.

El Ministerio del Interior admite que en la última década no se han incrementado las plantillas, pero añade que durante este tiempo se han mejorado, y mucho, los medios técnicos y el parque móvil del Cuerpo Nacional de Policía y de la Guardia Civil. Además, considera que ese estancamiento de las plantillas no ha deteriorado el clima de seguridad ciudadana.

Por el contrario, los alcaldes metropolitanos dieron la voz de alarma hace meses, cuando advirtieron que en sus ciudades va en aumento la sensación de inseguridad y que la razón hay que buscarla en la reducción del número de policías. Ante esa realidad y el anunciado despliegue de los Mossos d'Esquadra en el área de Barcelona a partir del año 2003, los alcaldes exigen que, como mínimo, la situación no empeore y que si no se aumentan las plantillas, por lo menos se cubran ca-da año las vacantes que queden.

El Ministerio del Interior anunció que para el mes de junio acudirían a esta zona unos 800 agentes, pero aún no han llegado. Deberían haberlo hecho coincidiendo con la celebración de la Conferencia del Banco Mundial, pero como finalmente se suspendió el encuentro, se aplazó también la llegada de los policías, que ahora se esperan para julio. Interior acusa a los alcaldes, casi todos ellos socialistas, de plantear el mismo debate todos los años cuando llega el verano y las plantillas están diezmadas, ya que en esta época es cuando se conceden los traslados a los agentes que los solicitan. Además, el ministerio afirma que los alcaldes tienen su parte de responsabilidad en el clima de inseguridad ciudadana que denuncian porque tienen a sus órdenes un cuerpo, la guardia urbana, que puede cambiar esa realidad. En este sentido, un portavoz ministerial fue muy crítico con el Ayuntamiento de Barcelona al asegurar que esa policía municipal es el cuerpo policial de Europa con más bajas por depresión, el más envejecido -con una media de 45 años- y el que más ha reducido sus efectivos -600- en los últimos años.

Los alcaldes, por su parte, se sienten abandonados por el Gobierno central y el de la Generalitat, y lo achacan a diferencias políticas. En su opinión, el modelo policial aplicado hasta ahora en Cataluña con el despliegue de los Mossos como policía ordinaria en Lleida y Girona no sirve para el área metropolitana, donde viven tres millones de personas y la realidad social es otra. Por eso, piden que los agentes destinados en esas zonas, que son los que conocen el territorio, puedan integrarse, sin cupos, en la policía autonómica.

El Departamento de Interior de la Generalitat insiste en que el despliegue de la policía autonómica no es sólo un cambio de uniforme, sino una manera de entender este servicio público. También insisten en que la inseguridad ciudadana no se combate sólo con más policía y que la situación no es tan grave como la que describen los alcaldes.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 24 de junio de 2001