Reportaje:

Un prehistórico en el siglo XXI

Un almeriense elabora réplicas exactas de piezas del Neolítico con idénticas técnicas a las de hace 4.000 años

Manuel Salas Barón (Benahadux, Almería, 1959) no es arqueólogo ni etnólogo, tampoco es un docto académico en temas prehistóricos ni ostenta título oficial alguno. Ni falta que le hace. Él, que trabaja en la carpintería de su pueblo junto a sus dos hermanos, se sabe poseedor de un conocimiento excepcional acerca de las señas prehistóricas que hay diseminadas por toda la provincia almeriense. Amén de ser un experto conocedor de la etapa del Neolítico, de las eras que lo conforman, de sus civilizaciones, costumbres y cultura, Manuel lleva a la práctica, con sus propias manos, los elementos con los que estos primeros pobladores se rodearon. Este arqueólogo aficionado elabora con sus propias manos y valiéndose de idénticos métodos que hace 4.000 años, vasijas, cuencos, vasos, puñales, lanzas, espadas, hachas y toda suerte de utensilios empleados tanto en la cultura de Los Millares (2000-1700 a.C.) como en la cultura argárica (1700-1500 a.C.). 'Mi trabajo con los materiales que ellos usaban me ha hecho descubrir técnicas increíbles tras muchas pruebas e investigación porque, desde luego, una cosa es la asimilación del conocimiento y otra el llevarlo tú mismo a la práctica', sostiene el artesano. Su exhaustividad investigadora y su exquisita pericia le han llevado, por ejemplo, a 'sacar' tal cual la negrura inconfundible de la cerámica argárica. 'Las piezas las hago en una hoguera porque si no, no salen bien. He llegado al punto de controlar el fuego y si las quiero negras reduzco el horneado. Cubro el hoyo de la fogata con matas verdes y le echo tierra. Entonces el humo se queda introducido en el barro. Ese negro ya no se va en la vida', sentencia. La perfección de sus réplicas ha sido un logro sólo posible con la práctica, con fracasos precedentes hasta culminar un modus operandi idéntico al de las culturas milenarias.

Con las puntas de flecha, realizadas con la durísima piedra de sílex, le sucedió algo parecido. Manuel comprobó, con piezas de sílex originarias de algunos yacimientos, que éstas eran muchísimo más fáciles de tallar que el sílex recogido en bruto del campo. 'Hasta hace nada me costaba muchísimo trabajo tallarlo. Pero he comprobado que antes de tallar lo sometían a un proceso térmico: ponían las lascas al calor y el material cambia de manera asombrosa porque el calor lo deshidrata', explica emocionado. 'Para saber de esto hay que experimentarlo', subraya.

El proceso de elaboración imita de forma pasmosa el barro, la decoración y la cocción practicada en el Neolítico. Antes de ponerse manos a la obra, Manuel se hace con arcilla rica en óxido de hierro en zonas cercanas a Sorbas o Níjar. 'Cojo la tierra de donde ellos mismos la cogían', apunta. Seguidamente emplea una jornada en preparar el desengrasante que los prehistóricos añadían a la mezcla (un compuesto de arena de pizarra, mica y cuarzo), vital para que la pieza no se raje. Tras hacer la forma deseada a mano, repasarla y decorarla con un punzón, las bruñe con un piedra hasta conseguir su brillo característico. Una vez seca, cuece el utensilio a unos 600 grados con una fogata. De esta guisa ha elaborado los vasos ovoides, ollas o queseras empleadas 2.000 años a.C., los ajuares funerarios hallados en yacimientos de Gádor o Benahadux y pertenecientes a la Cultura de Almería (pastores coetáneos a la civilización de Los Millares), la cerámica simbólica de cuencos y platillos de ojosoles de la Edad del Cobre, la cerámica campaniforme y las puntas de flecha. Todas las piezas pueden contemplarse en el Museo de Reproducciones Arqueológicas de Benahadux, donde se ofrece al visitante un recorrido 'vivo': se puede tocar, moler manualmente trigo o tallar sílex.

Manuel Salas Barón con una de sus reproducciones en el Museo de Benahadux.
Manuel Salas Barón con una de sus reproducciones en el Museo de Benahadux.EL PAÍS

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