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Reportaje:35ª jornada de Liga | FÚTBOL

El vigilante obsesivo

Los dos novilleros se presentaron en diciembre. Venían de Coria a la Ciudad Deportiva del Madrid, a saludar a su amigo César, el portero. 'En junio tomo la alternativa', le dijo uno. Y es que el término municipal de Coria (Cáceres), fundado por los romanos hace 2.000 años, no registra conquistadores de renombre en sus anales. Sólo los toros de Vitorino Martínez, de la finca Monteviejo, encarnaban la representación de la pequeña localidad hasta que César Sánchez Domínguez (1971) fichó por el Madrid. El portero, que antes pasó por el Valladolid, es un profesional detallista y un vigilante obsesivo -sea del fútbol, las ciencias económicas, la Segunda Guerra Mundial, el golf o los toros- que no suele perder los motivos para echar una risa y que nunca deja de pensar en su tierra natal.

César ha recuperado la titularidad cuando empezaba a temer por su carrera

'Aquí estoy, luchando conmigo mismo', dijo, para desdramatizar, después de jugar contra el Espanyol en el Bernabéu el pasado domingo. Llevaba toda la temporada en el banquillo y no se esperaba su titularidad. Cuando en la mañana previa Vicente del Bosque le dijo que jugaría en vez de Casillas su sorpresa fue total. Luego, se quitó las telarañas de los brazos y empezó a parar los embates espanyolistas con una plasticidad y una presencia elegante que en el área contrastan notablemente respecto a su imagen fuera del campo. En la calle, César pasa por un transeúnte del montón. Prefiere comer en casa, y, si no, 'con los curritos', en el bar.

César se ha entrenado toda la semana con la perspectiva de volver a ser titular, mañana, ante el Rayo. En los entrenamientos, Del Bosque le ha colocado bajo la portería de los equipos presuntamente suplentes para recibir los ataques de los supuestos titulares. La manera en que el técnico le anunció que jugaría, el domingo pasado, le resultó la menos traumática: 'Si vas a jugar es mejor que te lo digan sin darte tiempo a pensar mucho, a comerte la cabeza. Luego, sales y juegas, que es algo normal; es tu trabajo, lo que haces todos los días en los entrenamientos. Si me lo hubieran dicho una semana antes, igual le habría dado muchas vueltas a todo y hubiera sido peor'.

¿En dónde estaba César al día siguiente de jugar contra el Espanyol? 'En el pueblo: para poner los pies en la tierra, para entrar en contacto con la realidad, porque nosotros [los futbolistas] vivimos en una no-realidad, o... la realidad de la gente corriente, ni mejor ni peor que la realidad del jugador del fútbol. Aquí estoy con los amigos de toda la vida, con mi gente. Me gusta volver a mi colegio. O ir al campo, porque aquí todo es campo en todas las direcciones. Bella tierra Extremadura'.

César llevaba muchos meses sin jugar cuando se hizo pública su visita al despacho del director general deportivo del Madrid, Jorge Valdano. Puesto que, con la aparición de Casillas, la situación en la portería del Madrid había cambiado, César quería saber si el club seguía contando con él. Porque desde que Lorenzo Sanz decidió ficharle del Valladolid en el verano de 1999 la plantilla blanca había presenciado el surgimiento de un juvenil, Iker Casillas, llamado a abanderar la cantera. Casillas ganó una Copa de Europa con sólo 18 años y solventó la crisis en la portería del Madrid tras la lesión de Illgner y el fracaso de Bizarri. De pronto, la opción de César no pareció tan prioritaria y este verano, durante la pretemporada, Casillas conservó su puesto de primer portero.

Los temores de César se centraban en el anquilosamiento que produce la falta de competición. Se imaginaba fuera de los partidos durante años y temía por su carrera: 'Dos años sin jugar es mucho. Si luego vuelves y lo haces mal, no puedes decir aquí, en el Madrid, que llevas dos años sin jugar y que te falta competir'. Pero Valdano le dio confianza y le comunicó que el club contaba con él. Eso no le devolvió la titularidad, pero al menos le reforzó el entusiasmo.

César no había cambiado ayer el perfil risueño. Unos palos de golf, en el asiento trasero de su todoterreno, exhiben una pasión que él no quiere ventilar. 'Yo de golf no hablo, soy futbolista', sentencia, mientras su equipo de audio reproduce a los sonidos de los Smiths, el mítico grupo de Manchester. Después, en sus horas de ocio, no puede evitar las reflexiones permanentes. Que si el fútbol es un ajedrez gigante, que si Tiger Woods tiene un swing como la pegada de Roberto Carlos... Su curiosidad no encuentra límites.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de mayo de 2001