Reportaje:

Un crimen por un simple beso

El juicio es el último capítulo del 'caso Garztain', la muerte de un hombre por ser el amante de una mujer casada

Posee todos los ingredientes de un guión cinematográfico: amor, celos, infidelidad conyugal, intriga, conspiración de silencio y una muerte al atardecer.

Pero no son elementos creados por la imaginación de un guionista, sino las circunstancias reales que han dado lugar al juicio por el crimen de Gartzain (en el Baztán), en el que la Audiencia de Pamplona intenta desentrañar los entresijos de un asesinato perpetrado en un camino rural a la caída del sol, el 29 de mayo de 1994.

La víctima, Juan José Mayora, murió alcanzada por dos disparos de escopeta. Su pecado fue, probablemente, mantener relaciones sentimentales con una mujer casada.

Las sesiones de la vista oral del juicio, iniciadas esta semana en Pamplona, se han convertido en todo un galimatías lingüístico. Los tres acusados del crimen apenas hablan el castellano y lo comprenden con grandes dificultades, aunque la sala sospecha que la jerigonza lingüística forma parte de la estrategia defensiva del trío de acusados. No obstante, la traducción simultánea no ha logrado superar las frecuentes contradicciones de éstos, que aducen dificultades insalvables en la comprensión de unos interrogatorios que hasta el momento no han arrojado ninguna luz sobre los hechos.

La vista oral, iniciada esta misma semana, se ha convertido en todo un galimatías lingüístico

El arma homicida, una vieja escopeta de caza, nunca ha sido hallada. Tampoco los dos cartuchos de postas usados para perpetrar el crimen. Tras casi una década de investigación no existe otra prueba que las autoinculpaciones cruzadas realizadas en 1999 por algunos procesados y otros testigos ante la Guardia Civil, confesiones negadas ahora y que fueron realizadas 'por confusiones' idiomáticas y 'bajo presiones', según la retractación de la mayoría de sus autores.

Juan José Mayora, un hombre soltero de 34 años, dedicado al contrabando de ganado, mantenía relaciones sentimentales con Nieves Daguerre, de 27 años, casada y madre de un niño entonces de dos años. Lo sabía todo el pueblo, una aldea remota de caseríos diseminados del valle de Baztán. El marido de Nieves, Feliciano Echarte, que contaba 42 años, y su hermano Matías decidieron presuntamente escarmentar a Mayora y pidieron a un vecino, Manuel Ariztia, de 57 años y acusado de ser el autor material de los disparos, que matara a Juan José. Éste aceptó. No lo hizo por dinero. En el juicio ha reconocido que Nieves rechazó en una ocasión su insinuación sexual de darle un simple beso. 'De todos no te vas así', le contestó airado Manolo Ariztia. Un hombre despechado que disparó poco después contra la pareja. Mayora murió y Nieves quedó herida.

Ésta es, al menos, la tesis de la Fiscalía, la acusación particular y la Guardia Civil, que desde el primer momento comprobó la falta de colaboración de los testigos y vecinos de Gartzain. Los jueces archivaron el caso dos veces consecutivas. No había pruebas. Pero la Guardia Civil insistió, escuchó conversaciones, interrogó más y más y en octubre de 1999, el marido de Nieves, Feliciano Echarte, se derrumbó y lo confesó todo.

Transcurridos dos años, Feliciano, su hermano Matías y Manuel Ariztia niegan cualquier responsabilidad en la muerte de Mayora. Pasaron por la cárcel, pero quedaron en libertad. Otros protagonistas se han retractado también de declaraciones anteriores, entre ellos Begoña Echegaray, prima del asesinado y esposa del presunto asesino. La defensa trabaja para demostrar que los problemas de traducción de la variedad dialectal del euskera baztanés y la presión de la Guardia Civil generaron respuestas equívocas arrancadas a los acusados de forma improcedente.

Las sesiones se suceden. Los testigos pasan y corroboran que Ariztia escuchó los disparos en su caserío, a cinco kilómetros del lugar del crimen, por lo que no pudo efectuarlos él. Todos tienen coartada. A pesar de ello, la tesis de la acusación parece verosímil, aunque carece de pruebas. Nieves Daguerre sigue viviendo con su marido. La sospecha flota en el ambiente, pero nadie la atrapa. Están en juego 25 años de prisión para Ariztia como autor material del crimen y 15 para los hermanos Echarte como inductores.

La verdad se oculta tras una intrincada catarata de significados de palabras pronunciadas en dos idiomas muy distintos. En la vista oral, uno de los procesados reconoció haber declarado que habían 'pensado' dar un escarmiento a Mayora. ¿Pensado? No exactamente. En esa zona de Baztán el verbo pentsatu no significa 'pensar', sino 'inventar'. El acusado 'inventó', presionado por la Guardia Civil, la versión del crimen para que le dejaran tranquilo. Eso es lo que declaró. Una diferencia sustancial. Los traductores enmendaron su error tras una advertencia de la defensa. En otro momento del juicio se pudo escuchar este diálogo:

Juan José García Pérez (presidente del tribunal): ¿Tiene problemas con los traductores?

Matías Echarte (en euskera): ¿Cuándo?, ¿antes o ahora?

J.J.G.P.: Le pregunto si entiende a los traductores.

M.E.: No oigo.

J.J.G.P.: ...que si entiende la traducción.

M.E.: Bien, bien no entiendo. Todo no, pero me da vergüenza decirlo.

J.J.G.P:. Usted no responde a mi pregunta. Le pregunto si no entiende a los traductores o si no entiende las preguntas que se le hacen.

M.E.: No sé. Muy bien no.

J.J.G.P.: El que no entiende ahora soy yo. ¿A mí me entiende?

M.E.: En castellano, no

J.J.G.P.: ¿Y cuando me traducen al euskera?

M.E.: Algo sí, pero todo, todo...no.

* Este artículo apareció en la edición impresa del sábado, 12 de mayo de 2001.

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