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OPINIÓN DEL LECTOR

Un profesor con problemas

He leído la carta de Jesús Aguilera Calle, profesor de Francés, de Torre del Mar (Málaga). Mi caso fue peor.

En mayo de 1995 suspendí en Historia del Mundo Contemporáneo a un alumno de COU, hijo de una profesora del centro y sobrino de un inspector. El citado alumno tenía innumerables faltas de asistencia a clase. Hasta cuatro cartas tuvo que enviar la Jefatura de Estudios a la madre, para que justificase las faltas. A lo largo del curso no aprobó nunca ningún ejercicio. En el último obtuvo 1,5 puntos, la peor calificación de todos los alumnos presentados a examen. La mayoría del departamento didáctico del que formaban parte el director y el jefe de estudios, no sólo rectificaron la nota, sino que redactaron impunemente un acta en la que se hacían juicios ofensivos a mi persona y a mi trabajo. El entonces inspector del centro hizo un informe sin ni siquiera oírme. Varios alumnos protestaron ante el inspector y la delegación. Un centenar de alumnos dirigieron un escrito al director y al delegado encomiando mi labor.

Salvo acudir al Defensor del Pueblo, he hecho los mismo escritos y las mismas denuncias, y he recibido las mismas contestaciones que el compañero de Torre del Mar. Nunca he conseguido que una comisión de profesores dignos y competentes revisaran aquellos ejercicios.

Han pasado varios años y debería olvidar todo, pero no me dejan. Sin embargo, en septiembre siguiente, el entonces director me destituyó del cargo de coordinador de área. Hasta la fecha, los mismos que rectificaron el acta, me han impedido acceder a la dirección del departamento. Fui el número uno del primer acceso a cátedras de Andalucía. Soy doctor en Historia Contemporánea, he publicado cuatro libros de investigación sobre la materia y más de una cuarentena de artículos. He asistido a varios congresos nacionales e internacionales. He impartido cursos de doctorado y numerosos cursos en el CEP. Sólo en los últimos años he publicado ocho artículos en revistas científicas de Historia; he asistido a ocho congresos nacionales y cuatro internacionales, siempre con su correspondiente comunicación. El verano pasado, una editorial privada publicó un extenso estudio histórico mío de 452 páginas. No sirve de nada. Tengo el amargo sentimiento de que mi profesionalidad, además de haberme causado problemas y disgustos, es un estigma en mi trabajo y un obstáculo para el desempeño de tareas de responsabilidad.

Por ello, digo que lo mío fue peor, porque aún estoy sufriendo consecuencias profesionales y económicas. Por todo ello le aconsejaría al compañero Jesús Aguilera: 'Cállate. Es mejor'.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 12 de abril de 2001