Selecciona Edición
Conéctate
Selecciona Edición
Tamaño letra

La contaminación lumínica puede reducirse en un 40%

Los rayos láser de las discotecas tienen sus días contados, y las iluminaciones nocturnas excesivas de campos de fútbol, centros comerciales e incluso de carreteras deberán someterse a una cura de humildad. Esto, al menos, es lo que se espera del anteproyecto de ley que ha preparado el Departamento de Medio Ambiente, que se encuentra en trámite en el Parlamento catalán y se prevé que se apruebe antes del verano.

La normativa quiere frenar un problema creciente, el de la contaminación lumínica, y el despilfarro que ello supone. Este es un problema del que no se libran ni siquiera los espacios naturales, puesto que en algunos se han encontrado niveles de iluminación nocturna entre 3 y 15 veces superiores a los naturales.

Investigadores de la Universidad Politécnica de Cataluña y de la Universidad de Barcelona han establecido el mapa de la contaminación lumínica en Cataluña; es decir, el flujo luminoso que se dispersa en el cielo por la noche sin ninguna utilidad. Los autores creen que la contaminación lumínica se puede reducir en un 40% mediante la aplicación de una serie de medidas vinculadas a la entrada en vigor de la ley.

Son medidas de todo tipo, que incluyen cuestiones tan puntuales como el cambio de las lámparas de vapor de mercurio por lámparas de vapor de sodio, mucho más eficientes. Se espera que la ley permita ahorrar unos 2.000 millones de pesetas en consumo energético.

El mapa muestra que, a escala global, 'Cataluña es una zona de contaminación lumínica elevada', según Ramon Sanmartín, de la Escuela de Ingenieros Industriales de Barcelona y coordinador del estudio. Sanmartín recuerda que la contaminación lumínica está vinculada a la densidad de población y a la actividad económica. La distribución geográfica de las emisiones así lo demuestra: las comarcas que concentran la densidad más alta de polución luminosa son el Barcelonès, Maresme, Vallès Occidental, Vallès Oriental, Baix Llobregat, Garraf y Tarragonès.

Barcelona y las comarcas vecinas se llevan la palma ya que emiten unos 2.372.000 kilolumens al cielo (una bombilla de 60 vatios emite 600 lumens). Esto es lo que explica que desde el observatorio del pico del Midi d'Osseau, una cima pirenaica situada en el centro de la cordillera, pueda observarse un vago resplandor lejano a levante, que corresponde al cielo barcelonés.

A escala global, la contaminación lumínica catalana equivale al efecto que tendrían 10.000 focos de un kilovatio (focos muy potentes, como los de un estadio de fútbol) encarados al cielo. Este despilfarro de energía equivale a unos 500 millones de pesetas anuales.

El consejero de Medio Ambiente, Felip Puig, dijo desconocer la inversión presupuestaria que puede precisar la aplicación de la ley, pero comentó que algunos ayuntamientos que han incorporado este tipo de medidas han logrado amortizar sus inversiones en plazos de dos a tres años debido a los ahorros energéticos conseguidos.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 31 de marzo de 2001